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¿QUÉ SIGNIFICA SER ECONOMISTA DE IZQUIERDA HOY? PDF Print E-mail
                                           Howard Richards
 
¿QUÉ SIGNIFICA SER ECONOMISTA DE IZQUIERDA HOY?
 
En un pasaje famoso del primer volumen del Capital, Marx escribió:
 
"La esfera de la circulación, o bien de intercambio de mercancías, dentro de la cual la fuerza de trabajo es comprada y vendida, es ciertamente un verdadero Edén de los derechos naturales del hombre. Allí sólo impera la libertad, la igualdad, la propiedad y Bentham. Libertad debido a que el comprador y el vendedor de una mercancía, por ejemplo, la fuerza de trabajo, se mueven únicamente por su propia voluntad. Ellos firman un contrato como personas libres e iguales en derechos. El contrato es la forma con la cual le dan expresión legal a la unión de su voluntad común. Igualdad debido a que se relacionan unos con otros como propietarios de mercancías e intercambian de igual a igual. Propiedad debido a que cada uno dispone sólo de la propia. Bentham debido a que cada uno cuida sólo de sí mismo. El único motivo que los lleva a estar juntos y define sus relaciones es su egoísmo, su propia ventaja e intereses privados. Y precisamente debido a que cada uno cuida sólo de sí mismo, y ninguno se interesa por el otro, resultando de una armonía preestablecida, o bajo la guía de la más ingeniosa providencia, todo trabajo para obtener ventaja del otro, deviene en el bien común, en el interés general."
 
Sabemos que en este pasaje Marx es irónico. Él no está dando ejemplos loables de cómo los derechos y deberes humanos deberían ser. Él no quiere eternizar  la jurisprudencia de la máxima romana pacta sunt servandum, (Esto es, que los contratos deben ser cumplidas.)  Marx no crea que las obligaciones de compradores y vendedores en una sociedad comercial sean las obligaciones que las normas sociales requieren de buenos ciudadanos en una buena sociedad. Marx no quiere alabar un ideal de libertad el cual prescribe que cada uno cuide sólo de su propio interés.
 
Todo el trabajo y la trayectoria de Marx nos revelan que él no creía ninguna de las cosas que dice en el pasaje citado. Sabemos que él pensaba que en una buena sociedad la norma social no sería la ley romana del suum cuique, a cada quien lo suyo, que sustenta los conceptos de propiedad privada hallados en todos los sistemas legales europeos a mediados del siglo XIX cuando Marx escribió.  En el pasaje citado los principios legales que gobiernan la compra y venta de fuerza de trabajo son ejemplos de lo que no debe ser, no de lo que debe ser.
 
Marx deja claro su opinión contraria a la ética del llamado mercado libre. Él acordaría con el economista E. F. Schumacher, quién escribió cien años más tarde que tal mercado es una "irresponsabilidad institucionalizada". En cuanto a qué ética sería mejor, Marx dice poco. El lector está más informado acerca de lo que Marx critica que acerca de su visión positiva.
 
El famoso pasaje citado sigue una explicación introductoria del tipo de sociedad que Marx somete a una examinación científica. Una sociedad capitalista. Marx define inicialmente una sociedad capitalista como aquella cuyas riquezas aparecen como una inmensa colección de mercancías. Este tipo de sociedad no era una buena sociedad. Era una sociedad que debía ser transformada por la crítica, la lucha y la reconstrucción. El científico Marx, quien no tuvo afecto por las formaciones sociales precapitalistas, quien juzgó al capitalismo como la mejor y la peor cosa que le había pasado a la humanidad, consideró claramente a la forma de sociedad donde algunas personas contratan a otras para producir mercancías, y luego aquellas venden lo que estas producen, como un problema a resolver y no como una solución.
 
Marx sabía que en cualquier tipo de sociedad, capitalista o no, los productores directos de alguna manera deben ser inducidos a entregar parte de la producción, por lo menos para abastecer a quienes no producen (al menos los niños, enfermos y ancianos), y por lo menos para proveer lo necesario para continuar produciendo (por ejemplo, al menos reservar algunos granos como simiente para el próximo año). No obstante, él no aprobó evidentemente las reglas jurídicas de ésta forma particular de sociedad, en la cual los productores directos son separados de sus productos porque los propietarios de los medios de producción son los dueños legales de las mercancías producidas.
 
En las páginas que siguen al citado pasaje, Marx destaca una distinción hecha por Aristóteles entre vender para comprar y comprar para vender.
 
Esquemáticamente, la primera opción, vender para comprar, es:
 
M    ®    D    ®    M
 
Mercancía  ®  Dinero  ®  Mercancía. El campesino lleva el cerdo al mercado, lo vende por dinero, con el dinero compra sacos de grano, y luego vuelve a su casa con ellos. El propósito es el uso. El valor está en el uso, en comer el grano, tal vez junto con algunos vegetales que produce la familia campesina, y quizás junto a otro cerdo que el campesino conservó y no llevó al mercado. El uso es el objetivo de las series M ® D ® M de transacciones.
 
El científico Marx, el antiromántico y antisentimental Marx, el modernista Marx quien nunca abogó por el retorno a formaciones sociales antiguas, no oculta una cierta admiración por la honestidad modesta del modelo M ® D ® M que antes que él Aristóteles y después de él Rosa Luxemburg llamaron el modelo de la economía natural. A pesar de todos sus errores, Aristóteles en algo acertó: cuando acumular dinero se convierte en el objetivo, algo anda mal.
 
Pero eso es justamente lo que pasa cuando se vende para comprar. Esquemáticamente:
 
D    ®    M    ®    D
 
El comerciante no compra el cerdo con intención de comerlo, sino con intención de venderlo más tarde a un precio mayor. El dinero es el alfa y omega, el comienzo y el fin.
 
Por supuesto, hay circunstancias en las cuales la actividad del comerciante sirve a algún propósito provechoso. Por ejemplo, puede trasladar el cerdo desde una zona donde hay excedente de cerdos a una zona de déficit de cerdos. Pero cuanto el propósito provechoso pueda ser, tiene que, por definición, ser justificado, medido, evaluado, y revisado concienzudamente, porque es provechoso. La proposición de que las instituciones reguladas apropiadamente para el intercambio de bienes y dinero puedan ser socialmente útiles no refuta a Aristóteles, Marx, Luxemburg y los muchos otros quienes consideraron el uso como el objeto y fin de la actividad económica.   Presupone su premisa: el verdadero valor está en el uso.
 
En el pasaje arriba citado, Marx se burla del código civil. En el capítulo siguiente a dicho pasaje, sin embargo, no propone un código civil mejor. Él no emprende la resolución de un problema moral o jurídico, sino la de un problema científico. Su problema era como explicar la existencia de ganancia. Él sostuvo que al interior de los principios de la economía política burguesa el fenómeno observado, el hecho de que los negocios regularmente producen ganancias, no podía ser explicado. Puesto que sus principios podían explicar el fenómeno observado, y los de ellos no, la economía política de Marx era válida científicamente, mientras que la economía política burguesa era una seudociencia. Por evitar deliberadamente el camino de proponer instituciones mejores para reemplazar aquellas prevalecientes en aquel tiempo en Europa, el camino de los Proudhons, los Sismondis, los Robert Owens, los Saint-Simons, y sus seguidores, Marx pensó que estaba evitando la trampa de poner la causa del socialismo en una base ética tambaleante. Se esforzó por ponerla en una base científica sólida.
 
Las críticas de Marx señalan que exageró la incapacidad de la economía política burguesa para explicar la ganancia. Marx argumentaba que en los mercados competitivos descriptos e idealizados por la economía burguesa, el precio de todo caería a su valor (su costo de producción). La situación usual y normal es que cuando el comerciante compra el cerdo D ® M, el comerciante lo comprará a su valor, determinado por el mercado. Cuando el comerciante vende el cerdo M ® D, el mercado competitivo forzará al comerciante a venderlo a su valor. Por comprar el cerdo a su valor y venderlo por su valor, el comerciante no obtendrá ganancia. Excepto por situaciones ocasionales, el comerciante se frustrará. (Si el comerciante mueve el cerdo a otro lugar, entonces el costo del transporte se agregará a los costos de producción aumentando el valor del cerdo, pero aún frustrando al comerciante, puesto que el precio mayor recibido cubrirá apenas los mayores costos.)
 
El argumento de Marx parece plausible, pero el peso de la opinión informada de hoy, incluso la opinión de personas como Joan Robinson quien simpatizó con los objetivos de Marx, es que Marx no tuvo un concepto de valor del todo correcto. En la actualidad las personas hablan acerca de cadenas de valor y acerca de valor agregado, y no consideran la existencia de ganancias en las distintas etapas de la producción de una mercancía como un misterio que necesita ser explicado. Pero quiérase o no el análisis de Marx, la solución que proveyó para dicho problema, o seudo problema, fue decisivo para el marxismo posterior. Luego del pasaje arriba citado, Marx invita a sus lectores a viajar con él fuera de la esfera de la circulación de mercancías (es decir, fuera del mercado) y hacia el interior de la esfera de la producción de mercancías (es decir, dentro de la fábrica). En la producción Marx descubre el secreto de la creación de ganancia.
 
La clave de la explicación científica de Marx sobre la creación de ganancia puede ser expresada con un diagrama que Marx utiliza en el segundo volumen del Capital:
 
            D    ®    M    ..........    P    ..........    M'    ®    D'
 
 
            Este diagrama comienza nuevamente con dinero, D. El capitalista invierte dinero con la intención de finalizar con más dinero. Otra vez, como el comerciante que compró el cerdo, el capitalista compra mercancías, M. Entre las mercancías adquiridas hay una peculiar. Esta es la fuerza de trabajo.
 
            La fuerza de trabajo vendida por los trabajadores al capitalista tiene la propiedad peculiar de que cuando el capitalista consume la mercancía que él ha adquirido para poner a los trabajadores a trabajar, esa mercancía particular (la fuerza de trabajo) produce un producto con un valor mayor a su propio valor.
 
            La letra P en el diagrama está en lugar de "producción". Las flechas quieren decir transacciones de mercado. Donde hay una flecha, alguien compra algo y alguien vende algo. La primera flecha, entre D y M, está en lugar del capitalista comprando las mercancías necesarias para poner en movimiento la producción, cualquiera que estas sean, pero siempre incluyendo la fuerza de trabajo. El trabajador vende su fuerza de trabajo. Alrededor de P no hay flechas. Hay simplemente una hilera de puntos a un lado y al otro.
 
            La producción no es una transacción de compra y venta. No es la circulación de mercancías que tiene lugar en los mercados. La producción tiene lugar al interior de la fábrica. Esta ocurre cuando la peculiar mercancía que el capitalista ha adquirido es consumida. El capitalista consume la mercadería comprada no como consumiría una taza de café, bebiéndola, sino en la forma en que uno consume la fuerza de trabajo adquirida, poniéndola a trabajar. El resultado es más mercancías, M'. Lo notable en M' es que cuando es vendida por su valor rinde una cantidad de dinero, D', mayor que el D inicial. El secreto de la creación de ganancia es que la fuerza de trabajo es una mercancía cuyo consumo produce un valor mayor a su costo. La razón exacta por la cual Marx afirma que esta sería la causa se encuentra en El Capital. Intuitivamente la afirmación de Marx es plausible porque si el capitalista no creyera que el producto del trabajo valdría más que el costo del trabajo, no habría contratado al obrero.
 
            Mirando el diagrama precedente puede verse el origen de conceptos claves del marxismo:
 
1. Plusvalía es definida como D' - D (el - es un signo menos). Esto es la apropiación privada del producto social. Los trabajadores producen M' pero el capitalista es dueño de M', la cual luego vende por D'.
 
2. Explotación. Es otra palabra para la extracción de plusvalía del trabajo.
 
3. Proletariado. Son las personas que venden su fuerza de trabajo en las transacciones de mercado D ® M, y trabajan.
 
4. La definición original de capitalismo de Marx, como una sociedad cuyas riquezas se manifiestan como una inmensa colección de mercancías, ahora aparece bajo una luz diferente. La existencia de mercancías en la clase de sociedad analizada por Marx es la resultante de que algunas personas empleen a otras para trabajar. Los primeros contratan a los segundos con el propósito de finalizar con más dinero.
 
5. Acumulación. D' puede ser reinvertido.
 
      ¬        ¬         ¬         ¬         ¬              ¬     ¬
¯                                                                                  ­
¯                                                                                  ­
D      ®      M    ..........      P      ..........     M'      ®      D'
 
 
            Se establece un ciclo en el cual las ganancias son aprovechadas para pagar los insumos de producción requeridos para hacer todavía más ganancias, lo cual a su vez producirá todavía más ganancias, ad infinitum.
 
 
            Marx trató de mostrar que el proceso de acumulación capitalista no podía continuar por siempre. El capitalismo tendría que terminar porque la dinámica que lo movía, la acumulación de plusvalía, tendría que terminar. El curso histórico tendría que ser en dirección al socialismo, como el resultado lógico del desarrollo del capitalismo. La acumulación de ganancias en los bolsillos de pocos conduciría a la tensión social. Esa tensión social se agravaría por un mercado competitivo de trabajo que conduciría continuamente a un precio del trabajo igual al costo de su producción, es decir, la subsistencia. (Este concepto no se originó con Marx. Los economistas clásicos Adam Smith y David Ricardo ya lo habían formulado. Ricardo estaba abocado al derogamiento de las "leyes de grano" inglesas [es decir, las tarifas proteccionistas gravadas en los granos importados para el beneficio de granjeros ingleses]. Dijo que el derogamiento de las tarifas abarataría el alimento, lo cual bajaría los salarios, lo cual bajaría los costos de producción  para los fabricantes ingleses dándoles un margen de competitividad para que exporten sus productos). Además, puesto que solamente el dinero invertido en el trabajo (que Marx llamó "capital variable") tenía la cualidad peculiar de producir plusvalía como ganancia para el capitalista, la tasa de ganancia tenía que caer. Esto era así debido a que los capitalistas tuvieron que invertir más y más en insumos no-laborales de producción (a los que Marx llamó "capital constante"), tales como los adelantos tecnológicos. Puesto que el capital variable produjo ganancias, y el capital constante no, y puesto que la proporción de capital invertido en capital constante subiría, mientras la proporción invertida en capital variable bajaría, la tasa de ganancia bajaría.
 
            El mismo proceso competitivo suprimiría a los capitalistas menos eficientes, conduciendo a tendencias monopólicas, los perdedores quiebran y los ganadores se hacen más grandes. Las empresas se convirtieron en pocas y muy grandes, haciendo más fácil organizar a los trabajadores que tendieron más y más a ser reunidos en gran número en pocos lugares. La tendencia inherente del capitalismo a concentrar la propiedad de los medios de producción prepararía el camino para su socialización.
 
            Más adelante discutiré la inestabilidad alegada del capitalismo, y su tendencia a preparar el camino para su propia Aufhebung (reemplazo por una forma de organización social más elevada la cual conserva sus méritos y corrige sus defectos) al considerar la teoría de Rosa Luxemburg sobre la acumulación de capital. No obstante, primero quiero señalar que el mismo diagrama básico
 
 
            D    ®    M    ..........    P    ..........    M'    ®    D'
 
 
sugiere  razones para creer que el capitalismo nunca llegará a su fin. En el diagrama el movimiento de D a D', la inversión de dinero con el propósito de obtener más dinero, es la única razón por la que ocurre P. La ganancia es el propósito de la producción. Pero si no hay producción, los obreros no tienen trabajo; los consumidores no tienen productos que consumir, ni alimentos que comer, ni ropa que vestir, ni casas donde vivir; los gobiernos no tienen ingresos por impuestos, y por lo tanto no tienen dinero para pagar el ejército y la policía.
 
            Consecuentemente, todo lo que necesite ser hecho para conservar en alto la ganancia, de modo que los capitalistas continuaran invirtiendo, tiene que ser hecho, y por lo tanto será hecho. Esto los economistas "regulacionistas" de la escuela francesa llaman un "régimen de acumulación". Es decir, una combinación de economía, política y cultura que hace posible continuar el proceso de acumulación de capital. Esto puede requerir guerras; una cultura de masas que haga sufrir a las mujeres si no se ajustan al ideal de belleza promovido por la industria de productos de belleza; puede requerir el fascismo; puede requerir una dictadura que torture y asesine a dirigentes obreros para crear un clima de negocios favorable para los inversionistas; puede requerir suburbios, impuestos rebajados para propietarios, libertad de mercado, y petróleo barato. Mantener la producción puede o no requerir alguna de estas cosas en algún tiempo y lugar dados, pero requerirá algún régimen de acumulación. La dinámica fundamental del capitalismo no puede ser cambiada. Cualquier movimiento en dirección al socialismo debilitará el motor de la ganancia. Dado que la subsistencia de todos depende de mantener la fuente de ganancia, los movimientos hacia el cambio en una dirección socialista serán reprimidos y revertidos.
 
            De este modo, la misma descripción esquemática de una economía capitalista que Marx usó para mostrar que el capitalismo es inestable y algún día debe llegar a su fin puede ser usado para argumentar que el capitalismo siempre se estabilizará a sí mismo y nunca terminará.
 
 
            Rosa Luxemburg contribuyó a la tradición marxista con sus propias ideas concernientes a que el capitalismo hace de su inestabilidad su defensa. También elaboró una teoría acerca de que el capitalismo debe llegar a su fin. Para Luxemburg, en un escrito de 1913, no hay forma de vender los productos de la industria capitalista de producción masiva dentro de los confines del estrecho mercado conformado por los propietarios capitalistas y los trabajadores empleados por ellos. Los trabajadores sólo pueden gastar sus salarios, los cuales tienen por definición un valor menor que el valor de las mercancías que ellos producen. No puedan comprar la totalidad de sus productos. Los propietarios no pueden comprar todos los productos de consumo no vendidos debido a que, por razones que Luxemburg argumenta en detalle, ellos deben conservar algunos de sus ingresos para reinvertirlos. Las nuevas inversiones sólo hacen al capitalismo más inestable de lo que ya era, debido a que ellas resultan en aún más fuerza productiva produciendo aún más bienes de consumo que son aún más difíciles de vender. Según Luxemburg, la única forma posible para que el capitalismo exista es expandir continuamente sus mercados buscando compradores en aquellas partes del mundo que todavía no son capitalistas. El capitalismo sólo puede existir en un mundo donde todavía hay mercados no capitalistas que conquistar. La autora complementa su análisis de los requisitos del capitalismo con un relato de su historia, la cual muestra que de hecho el capitalismo ha sido imperialista, colonialista, militarista, y racista. Su teoría no exige que el capitalismo sea siempre todas estas cosas, pero predice que una sociedad capitalista será probablemente una o más de ellas en algún momento. Sin la venta de sus productos a pueblos no capitalistas no puede continuar. Luxemburg da muchos detalles históricos concernientes a como las fuerzas europeas forzaron a los chinos, africanos, hindúes, egipcios y otros pueblos a participar en la clase de relaciones comerciales que el capitalismo europeo requirió. También ofrece un relato de la transformación interna de los Estados Unidos durante el siglo XIX desde una economía esencialmente natural de granjeros a una nación de empleados dependientes del capital para su empleo. Pero cuando el sistema capitalista haya tomado todo el mundo y todos sus pueblos, no habrá más economías naturales. El sistema tendrá fin debido a que sólo puede existir por la modernización de las economías naturales. En algún momento no habrá ninguna que modernizar. Fredric Jameson en la década de 1990 aportó un nuevo giro. Aún cuando el capitalismo ha llevado a cada centímetro cuadrado del planeta dentro de su mercado, todavía tiene otra frontera que conquistar. La nueva frontera es el inconsciente. Jameson interpreta a la cultura contemporánea como la mercantilización del inconsciente. El capitalismo crea mercados donde antes no había mercados, transformando cada necesidad profunda de la mente humana en una necesidad de comprar algo. Hardt y Negri en su reciente libro Imperio, dan a las ideas de Luxemburg otro giro más. No es suficiente hacer del mundo entero un mercado. Es necesario también convertir a todas las personas del mundo en proletarios, para que puedan ser explotados a la vez como consumidores y como trabajadores.
 
 
            El punto de partida del análisis de Luxemburg, del cual se siguen sus conclusiones esclarecedoras, es otro diagrama trazado por Marx:
 
Departamento Uno      4000 c      +      1000 v      +      1000 p      =      6,000
 
Departamento Dos      2000 c      +        500 v      +        500 p      =      3,000
 
            Marx propuso pensar la producción capitalista como dividida en dos departamentos. El Departamento Uno confecciona los bienes de producción, tales como tractores y generadores eléctricos. El Departamento Dos confecciona bienes de consumo, tales como el pan y los zapatos. Los productos del Departamento Uno son insumos usados por el Departamento Dos, dado que éste no puede hacer bienes de consumo sin las herramientas hechas por aquél. Los obreros y propietarios del Departamento Uno necesitan pan y zapatos como todos, y cuentan con el Departamento Dos para producir los artículos de primera necesidad y las comodidades para ellos.
 
Departamento Uno      4000 c      +      1000 v      +      1000 p      =      6,000
 
Departamento Dos      2000 c      +        500 v      +        500 p      =      3,000
 
            Marx inserta los números como en los libros de balance. Su ejemplo muestra cantidades hipotéticas producidas por cada departamento. El Departamento uno hace un producto total con valor de 6,000. El 6,000 es estimado para el gasto de 4,000 en sus propios medios de producción (la c significa capital constante), para el gasto en salarios 1,000 (v por capital variable), y tomando 1000 como ganancia (p por plusvalía). El 6,000 en bienes de producción es justo suficiente para proveer 4,000 para sí mismo, y 2,000 para el Departamento Dos, lo cual, en el ejemplo, es exactamente lo que el Departamento Dos necesita. El Departamento Dos produce bienes de consumo por un valor de 3,000, lo cual es lo adecuado para que los trabajadores del Departamento Uno gasten sus salarios (1,000) en ellos, además suficiente para que los propietarios del Departamento Uno gasten sus ganancias (1,000) en ellos, además suficiente para que los trabajadores y propietarios del Departamento Dos gasten sus salarios y ganancias (500 y 500) en ellos. Todos venden lo suficiente para adquirir el efectivo para comprar los productos que los demás tienen que vender. Luxemburg argumenta que el balance precario aquí descripto no puede durar.
 
            El Departamento Uno vende al Departamento Dos los medios para incrementar la producción. Así tiene que ser. Es lo único que el Departamento Uno tiene para vender. Si fracasa en la venta, los trabajadores y propietarios en el Departamento Uno no tendrán dinero y no podrán adquirir los productos del Departamento Dos. Luego ambos departamentos se hallarían en dificultades, Uno debido a que sus miembros estarían sin dinero, y Dos debido a que necesitaría clientes.
 
Pero que Dos compre a Uno -- tiene que comprar de Uno para balancear los libros -- es comprar los medios para producir aún más de lo que ya produce. (Luxemburg da detalles para descartar alternativas que pudieran aparecer ser otras posibilidades.) Si todo aquél equipamiento nuevo se paga por sí mismo, entonces aún más debe ser producido, y así sucesivamente. La sobreproducción resultante no significa producir más de lo que el mundo necesita en el sentido de más alimento que gente hambrienta o más casas que gente sin hogar. Significa sobreproducción en el sentido de que es producido más de lo que los compradores son capaces de comprar. Como señala Luxemburg, la sobreproducción en este sentido ha sido el destino de la mayoría de las industrias en la mayoría de los tiempos y lugares desde que se originó el capitalismo.
 
El balanceo de los libros requiere un proceso acelerado de expansión de la producción masiva halla o no compradores para los productos. Este proceso tarde o temprano, y generalmente más temprano que tarde, conduce al sistema a reclutar consumidores fuera de sus propios confines, de buena o mala manera.
 
El texto de Luxemburg es destructivo en su crítica a las teorías erróneas de otros escritores. La autora no tuvo paciencia con el error, y con ningún idealista pequeño burgués. Estos eran doblemente reprobados, como extraños al proletariado debido a que representaban a la clase media, y como ingenuos porque sus argumentos por el socialismo eran más éticos que científicos. Cuatro años después de que su libro fuera publicado un teórico que ella había criticado duramente, no por ser un idealista pequeño burgués sino por ser un pensador superficial, Vladimir Ilyich Lenin, se convirtió en la cabeza del gobierno revolucionario en Rusia. En respuesta a este evento histórico, Ludwig von Mises, en 1920, publicó la primera de una serie de pruebas de que era imposible construir una economía socialista racional y eficiente. Cualquiera fueran los méritos que las críticas al capitalismo pudieran tener, el socialismo no era una alternativa viable. Según von Mises y muchos economistas que acordaron con él, el socialismo era un imposible.
 
Von Mises ve al capitalismo como un sistema racional de eficiente ejecución continua de lo que llama producción indirecta. No descarta la representación del proceso del diagrama de Marx.
 
 
            D    ®    M    ..........    P    ..........    M'    ®    D'
 
 
            Pero tiene mucho que decir sobre P. No es sólo una cuestión de poner a los trabajadores a trabajar. Defiende las leyes de propiedad privada asumidas en el diagrama.   Los principios de la ley contractual que rige estas transacciones monetarias son también necesarios y convenientes. Von Mises escribe, "...cada paso que quitamos de la propiedad privada de los medios de producción y el uso del dinero lo quitamos también de la economía racional."
 
            La diferencia más importante entre una economía campesina tradicional y el capitalismo moderno está en que la primera P es directa, mientras la segunda P es indirecta. En el capitalismo, en vez de hacer el pan por usted mismo, siguiendo los pasos que su madre le enseñó, los cuales su abuela enseñó a su madre, usted comienza por escribir un plan de negocios. Calcula las ventajas relativas de las alternativas fuentes de harina. Recorre escenarios hipotéticos con diferentes recetas y hornos. Contrata un equipo de investigación de mercado. Contrata ingenieros en tecnología de panificación. Negocia con los distribuidores. Lanza una variedad de prototipos en pruebas de mercado.
 
            La producción indirecta gana al final. Lo definitivo está en las ventas. Los consumidores prefieren los productos de las panaderías modernas. La producción indirecta gana en precio y calidad. Similarmente, otros capitalistas en otros campos están haciendo largas, caras, sistemáticas y complicadas investigaciones de la relación costo/beneficio para brindar productos vendibles al mercado. Donde Luxemburg ve al sistema capitalista destruyendo las economías naturales para crear los mercados que necesita para estabilizarse, von Mises ve el triunfo mundial de las tecnologías superiores y de las transformaciones de organización del comercio. Estos triunfos conducen al incremento de la satisfacción del cliente a nivel mundial.
 
            Von Mises admite que el capitalismo tiene errores. Por ejemplo, confiar en las fuerzas del mercado puede no ser la mejor forma de proteger la belleza natural de una cascada. Aún con sus errores, ha levantado los estándares de vida muy por encima de épocas anteriores. Niega que el socialismo pudiera hacerlo mejor.
 
            Cuanto los objetivos de una sociedad socialista puedan ser, y cuanto puedan ser sus procedimientos para determinar y revisar sus objetivos, requerirán métodos para ejecutar sus objetivos eficientemente, o al menos no groseramente ineficientes. (Aquí mejoro el argumento de von Mises. Como él expresa su argumento depende de la discutible premisa de que el socialismo debe tener como objetivo fijo la satisfacción máxima de las necesidades con los recursos dados). Para von Mises los términos "eficientemente" y "racionalmente" son equivalentes, y ambos equivalen a la frase "minimizar los costos". Ser racional es ser eficiente.  Para ser racional y eficiente se debe encontrar el camino menos costoso para realizar el objetivo. (O, alternativamente, realizar el objetivo de una mayor cuantía al mismo costo; o conservar los costos bajos y subir la producción).
 
            Para minimizar los costos es necesario compararlos con los costos de todas las alternativas factibles. En una granja, por ejemplo, los costos podrían ser reducidos usando más fertilizante y menos trabajo, o usando menos fertilizante y más trabajo, o con alguna otra combinación de insumos. Para ser completamente racional el granjero también consideraría si invertir más y entonces producir más, si invertir menos y entonces producir menos, si plantar una variedad de grano diferente, e incluso si vender su granja e invertir su capital en algún otro negocio.
 
            Una sociedad socialista debe procurar hacer algo similar a lo que hace el granjero. Pero no puede. Debe determinar racionalmente cuanto de cada recurso desplegar para realizar qué fines. No puede. Debe calcular sus costos. No puede. Debe comparar los beneficios de los usos alternativos del mismo recurso. No puede. Según von Mises, los planificadores socialistas están inevitablemente "tanteando en la oscuridad" y produciendo "el rendimiento absurdo de un aparato sin sentido".
 
            La razón por la cual los socialistas no pueden planificar racionalmente la realización de sus objetivos es que bajo el socialismo no hay verdaderos precios de mercado. Los medios de producción están socializados, lo cual implica que no hay mercado donde los propietarios de los medios de producción negocien entre sí para comprar y vender, y así determinar el valor de cada artículo, es decir su precio. Sin los precios, no es posible comparar las alternativas.
 
            Los precios proveen un denominador común que hace posible comparar cualquier cosa con cualquier otra. Cuando el racional granjero decide entre más o menos fertilizante, más o menos trabajo, mucho o pocos tractores, más o menos insecticida, o alguna otra combinación de estos y otros factores, el dinero provee la medida cuantitativa que hace las alternativas comparables. (Von Mises considera, pero rechaza, las posibilidades de que el tiempo de trabajo o cantidades puramente físicas, como los bushels de trigo, pudieran proveer medidas cuantitativas que harían comparables las alternativas). Cada alternativa tiene un costo monetario, un precio. Los resultados proyectados, las mercancías a ser ofrecidas para la venta, son también medidas por el dinero, es decir los precios a los cuales pueden ser vendidas.
 
 
            Pero ¿qué es un precio? El precio es un concepto legal. Un contrato entre propietarios. El número al cual un comprador y un vendedor  acuerdan intercambiar lo que uno posee por lo que el otro posee. El argumento de von Mises es un argumento por conservar intacta la estructura legal del código civil del que Marx se burló en el pasaje citado al comienzo de este ensayo. Sin propiedad privada de los medios de producción no hay propietarios independientes poseyendo bienes de producción. Von Mises supone que bajo el socialismo los consumidores continuaran comprando y vendiendo en los mercados igual que bajo el capitalismo, pero ve un problema insuperable en la falta de mercados para los bienes de capital empleados en la esfera de la producción. Donde no hay propietarios independientes, no hay trato en el mercado en los términos del intercambio. No hay acuerdos. En consecuencia no hay precios. Dado que no hay precios, no hay forma de ser eficiente, porque no hay forma de comparar las alternativas.
 
            Lo que von Mises y muchos economistas que acuerdan con él han hecho es definir "racionalidad" y "eficiencia" de tal manera que son sólo posibles en sociedades gobernadas por los principios legales que la Europa moderna recibió de la antigua Roma, y dio al resto del mundo.
 
            Ahora supongamos que es posible para los planificadores socialistas imitar al capitalismo calculando cuáles serían los precios en un mercado ideal, y luego planificando en base a tales precios hipotéticos. Oskar Lange, quién sugirió esto, señaló que la imitación sería mejor que el trato real entre propietarios en mercados capitalistas, dado que los calculistas socialistas pudieron asumir los perfectos mercados competitivos que los apologistas idealizaron para el capitalismo. Ellos evitarían la corrupción, la fuerza y el fraude, el oligopolio y el monopolio que prevalecen en el mundo real del capitalismo. Las respuestas socialistas subsiguientes a von Mises afirman que la imitación computarizada de los mercados pudo producir el equivalente socialista no solamente de un mercado ideal, sino también un equivalente socialista del emprendedor innovador ideal, que rápidamente ajusta la producción a cambios en la tecnología y en las preferencias de los consumidores.
 
 
            Von Mises tiene respuestas para sus cuestionadores. Dos de los argumentos propuestos por von Mises y por su aliado Friedrich von Hayek, y otros aliados, conciernen a los incentivos y la libertad.
 
            Los emprendedores capitalistas, dicen von Mises y von Hayek, son motivados por sueños de riqueza y miedo al fracaso. En una escala menor los sueños y temores motivan también a todos en una economía capitalista. Ellos cuestionan sí, como un asunto de psicología y cultura, es posible para el socialismo generar los incentivos necesarios para obtener el trabajo necesario.
 
            La libertad es un problema aún más importante. Aún cuando las calculadoras de una agencia de planeamiento pudieron generar los equivalentes numéricos de los precios generados por los movimientos y transacciones de las multitudes en mercados grandes y pequeños, el costo en términos humanos es demasiado alto. Como enseñó célebremente Adam Smith, el mercado coordina el trabajo de las multitudes mientras protege su libertad. Como si por una mano invisible, los mercados organizaran las multitudes para cooperar a abastecer las necesidades de cada uno. Una economía planificada, aún cuando brindó un estándar de vida mayor, alejaría la dignidad de muchos individuos que ahora bajo el capitalismo crean su propia senda de vida a través de negocios en el mercado. Friedrich von Hayek en su influyente libro "La Ruta de la Servidumbre" ("The road to Serfdom") sostuvo que, en general, toda intervención gubernamental en la economía que coloca el poder de decisión en pocas manos es un alejamiento desde la libertad hacia la tiranía.
 
 
            Von Hayek demostró menos de lo que afirmó. Demostró, analizando en detalle los casos de Hitler y Stalin, que algunos cambios políticos y económicos que se alejan del capitalismo hacia el socialismo hacen empeorar a la sociedad en lugar de mejorarla. Afirmó que todos los cambios políticos que se alejan del capitalismo y hacia el socialismo hacen empeorar a la sociedad en lugar de mejorarla.
 
            En 1920, y subsiguientemente en elaboraciones y reafirmaciones posteriores, Ludwig von Mises enunció los términos de los debates que todavía continúan. Denunció, en efecto, que cualquier movimiento socializante que se aleje del paradigma dominante de la Ley Romana conduciría a la irracionalidad, lo cual era lo mismo que ineficiencia. Conduciría igualmente al debilitamiento de los incentivos y a la tiranía. Posteriormente, economistas de izquierda encontraron nuevos desafíos además de los enunciados por von Mises y von Hayek: la Gran Depresión de 1930, la Revolución Keynesiana, el ascenso del Estado de Bienestar en Europa Occidental, el ascenso del Estado Militar en América, el surgimiento de las economías en desarrollo en el tercer mundo. Michael Kalecki tuvo cosas importantes para decir sobre estos nuevos desafíos. Nacido en 1899, fue un autodidacta polaco. Leyó a Rosa Luxemburg en su juventud. Emigró primero a Suiza y luego a Cambridge donde se convirtió en un miembro del círculo íntimo del Post- Keynesianismo. Pasó los años de 1945 a 1955 trabajando para la Organización de Naciones Unidas (O.N.U.), primero para la Organización Internacional del Trabajo en Montreal, y luego en las Oficinas Principales de la O.N.U. en Nueva York, antes de regresar a su Polonia natal donde trabajó para el gobierno comunista. En 1970 poco antes de su muerte renunció a su cargo en protesta contra la persecución oficial a colegas y contra el antisemitismo.
 
 
           
Kalecki asumió un tipo de sociedad en la cual algunas personas contratan a otras, las ponen a trabajar y luego venden privadamente el producto social resultante. Usó un gráfico, del cual el siguiente es una versión simplificada, para explicar las relaciones entre los capitalistas, los asalariados, el ingreso nacional, y la participación de la ganancia y del salario en el ingreso nacional.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

­ valor por unidad producida
 
v
  v v
       v v v v v v v
                          v
                           v vv vv
                                           v vv
                 B                                v
                                                        v vv
 
ccc                                               ccc
      ccccccccccccccccccccccccc
 
­ costo laboral por unidad producida
 
                 S
                      
 
 
 
 
 
 
 
        cccc
cc
   vv
 vvv vvv
                        vvvv
 
           
 
 


0
                                                                                                                                                                             

                                                                                       Producción  ®
 
 
 
 
La línea de las v representa el valor de cada unidad producida (valor agregado marginal), es decir por lo que se las vende. El valor de v comienza alto debido a que se supone que donde hay alguna demanda considerable y una oferta muy pequeña, el precio será alto. (Kalecki supone que la empresa tiene algún control sobre el mercado, de modo que cuanto produce tiene un efecto en el precio de venta). Como más y más es producido, v cae hacia la derecha porque como el mercado se satura el precio baja. Además, la probabilidad de que los bienes producidos no puedan ser vendidos asciende, provocando el descenso del precio de venta promedio.
 
La línea de las c representa el costo de producción de un artículo, desagregando los costos fijos y, simplificando, considerando solamente los costos adicionales del trabajo necesario para producir otro artículo (costo del trabajo marginal). C comienza un poco más alto que lo usual debido a que el costo del trabajo por unidad es generalmente un poco más alto al principio y cuando se produce en pequeñas cantidades. Kalecki pensó que el costo del trabajo por unidad tiende a ser constante sobre un amplio rango de cantidad de producción. La mayoría de las c están alineadas en forma horizontal representando el mismo costo por unidad mientras que aumenta la producción. No haría una diferencia esencial al argumento sí c fue pensado como un poco inclinado hacia abajo, indicando un costo del trabajo más bajo por unidad en grandes cantidades, o sí sólo continúa en línea recta. De cualquier modo, como Kalecki dibujó el gráfico hizo la suposición común de que los costos del trabajo por unidad suben cuando la producción es alta, debido a que es necesario pagar salarios más altos, o usar trabajadores sin experiencia, o por algún motivo semejante.
 
En algún momento deja de ser beneficioso contratar trabajadores. Este momento está representado por la línea vertical. En el momento en que el valor de una unidad adicional se inclina debajo del costo de producción de una unidad adicional, deja de ser beneficioso producir y en consecuencia también emplear.
 
Kalecki pensó en un gráfico como este para describir una empresa representativa. Generalizando, por sumatoria de todas las empresas de una sociedad, el mismo gráfico representa la economía entera. Si usted puede dibujar en su mente el área a la izquierda de la línea vertical y bajo la línea de las v, tal área imaginada representa el ingreso nacional. Es el total de todos los bienes producidos multiplicados por el precio de venta de cada uno. El ancho del área se detiene en la línea vertical debido a que la producción se detiene allí. Su altura es medida por los precios de venta de los bienes producidos, por lo que es más alto al comienzo cuando v es alta.
 
El área imaginada, representando al ingreso nacional, está subdividida en dos partes, B, la ganancia bruta de los capitalistas y S, el salario de los trabajadores. S está representada por un área cuyo ancho es el mismo y cuya altura llega a la línea de las c, el costo del trabajo por artículo producido. Es la suma de todos los artículos producidos multiplicado por cuanto tuvo que ser pagado en salarios para producir cada artículo.
 
Mucho de lo que Kalecki tiene para decir concierne a B, la parte del ingreso nacional que va a los capitalistas y  concierne a lo que ellos hacen con B.
 
Examinando ahora no cómo los capitalistas obtienen las ganancias, sino qué hacen con ellas, Kalecki define la ganancia bruta real (lo cual es aproximadamente el equivalente a la plusvalía de Marx) como la suma del consumo y la acumulación capitalista
 
 
            B    =    C    +    A
 
 
donde B es la ganancia bruta de cualquier capitalista dado, y además la suma de las ganancias brutas de todos los capitalistas en la sociedad en consideración.
 
            C es lo que gastan los capitalistas en consumo. Este puede ser dividido en los gastos constantes de consumo y una parte variable, suponiendo que cuando las ganancias son más altas los capitalistas gastan una porción del ingreso extra. En el caso más simple el consumo capitalista es constante. Kalecki creyó que el consumo capitalista total no era muy elástico. Es decir, que tiende a ser aproximadamente constante.
 
             A es acumulación, en otras palabras, ahorros. Kalecki supone que los trabajadores gastan todos sus ingresos, o guardan tan poco que sus ahorros totales son despreciables. Para los fines prácticos, todo el ahorro hecho por la sociedad es hecho por los capitalistas.
 
 
            Kalecki hizo conscientemente un número de suposiciones simplificadoras. Sabía perfectamente que, por ejemplo, hay muchas personas en la sociedad que no se ajustan bien dentro de la categoría de trabajador o dentro de la categoría de capitalista. Sabía perfectamente que la producción es algunas veces constreñida por capacidad y no por costos laborales. Algunas veces mitigó sus simplificadoras suposiciones para proveer un esquema más cercano a la realidad social. No obstante, él y sus seguidores consideraron esclarecedor mirar a la sociedad a través de los lentes de dichas suposiciones.
 
            Mirando a la sociedad de esta forma, Kalecki encontró que casi todo depende de la variable A, es decir de los ahorros acumulados por los capitalistas, de cuán grande es A, y de qué hacen los capitalistas con esta. Los trabajadores juegan un rol pasivo. Kalecki escribió, "Un cambio espontáneo en el gasto del trabajador no puede ocurrir porque (como suponemos) ellos gastan exactamente lo que ganan". Los trabajadores pueden escoger, dentro de los límites, comprar una cosa en vez de otra, pero su gasto total, como clase, no es discrecional. Es el total de sus salarios. Si habrá más o menos empleo, y por ende más o menos salarios, depende enteramente de las decisiones de los capitalistas. Kalecki escribió, de "...la posición clave de la inversión en la determinación del nivel total de producción y empleo".
 
            En una versión más detallada de su teoría, Kalecki extiende su definición de "inversión" para incluir también los déficits de presupuesto en que incurre el gobierno. Los gobiernos pueden incrementar la producción y el empleo total no precisamente tomando del excedente en impuestos y luego gastándolo, sino más bien pidiendo dinero prestado y gastándolo. Los capitalistas pueden, por supuesto, invertir también pidiendo prestado dinero, y usualmente lo hacen.
 
            Kalecki acuerda con quienes sostienen que en mercados libres competitivos, las ganancias tienden a caer a cero. Pero en el mundo real los mercados libres competitivos existieron sólo en la agricultura. El granjero es un tomador de precios que lleva los productos agrícolas al mercado y los vende al precio de mercado. Es cierto realmente que para los granjeros pequeños y medianos, que no tienen control sobre sus mercados, las ganancias tienden a caer a cero. Pero fuera de la agricultura es diferente. Según la teoría de la ganancia de Kalecki, la ganancia bruta real (B en la ecuación anterior) es función del grado de oligopolio o monopolio del que disfrutan los industriales. En el mundo real de la industria, el precio es determinado por un incremento sobre los costos de producción. Los industriales diferencian sus productos y desarrollan relaciones especiales con los proveedores y clientes de modo que ellos nunca son simples tomadores de precio.
 
            De este modo, para Kalecki la dimensión de B, y por lo tanto la dimensión de A, depende del alcance del poder monopólico ejercido por los capitalistas. El poder monopólico permite a los propietarios conducir la porción de ganancia (más precisamente de no-salario) del ingreso nacional hacia arriba y la porción de salario hacia abajo. El resultado será alguna división de la torta entre salarios y ganancias. Por ejemplo, en un ejemplo presentada por Kalecki, si el ingreso nacional de Estados Unidos asciende un dólar, luego porciones de aquél dólar irán a salarios y ganancias. Suponiendo que 68 centavos vayan a salarios, luego 32 centavos irán a B, ganancias brutas. Suponiendo que los capitalistas ya gastaron todo lo que se proponían gastar en consumo personal, C, entonces los 32 centavos extra irán enteramente a A, acumulación. Suponiendo que los trabajadores no ahorran, entonces la cantidad ahorrada en la sociedad debido a que en un dólar se incrementa el ingreso nacional (la tendencia marginal a ahorrar) será de 32 centavos.
 
 
 
            La pregunta crucial es ¿qué pasa luego con A?
 
 
            No hay razón para suponer que los capitalistas usaran su control legal sobre los ahorros de la sociedad, representados en la ecuación B    =    C    +    A por A, para crear pleno empleo. Kalecki no fue impresionado por la proposición económica clásica (Say's Law) de que la fuerza de trabajo, y en verdad cualquier cosa ofrecida a la venta, siempre se venderá si su precio baja lo suficiente. La opinión de Kalecki era que el pleno empleo era un caso especial, no el caso normal, y que era improbable que ocurriera en tiempos de paz. Rechazó los proyectos que implicaron elevar los niveles de empleo con impuestos bajos sobre las ganancias, con tasa de interés bajas, y/o con salarios bajos. Como la gran depresión de los años '30 dramáticamente mostró, los capitalistas no invertirán aún con cero impuestos sobre las ganancias, cero interés en préstamos y salarios mínimos, si no creyeran que pueden vender las mercancías a producir. Kalecki sostuvo además, haciéndose eco conscientemente de Rosa Luxemburg, que inducir a los capitalistas a emplear personas haciendo nuevas inversiones de capital pronto se torna contraproducente. Hace obsoleto al viejo equipo, lo cual deprime las expectativas de ganancia. Suma aún más capacidad productiva cuando las empresas ya están operando a menos de su capacidad por falta de clientes. Kalecki escribió, "la tragedia de la inversión es que causa las crisis debido a que es útil. Sin duda, muchas personas considerarán esta teoría paradójica. Pero lo paradójico no es la teoría, sino su objeto de estudio -- la economía capitalista".
 
 
            En lugar de comprometerse en esfuerzos fútiles para crear pleno empleo estimulando la inversión privada, fue más factible para los gobiernos crear pleno empleo a través de inversiones públicas, subsidiando el consumo masivo y redistribuyendo el ingreso de los ricos hacia los pobres. (Nótese que la ecuación B    =    C    +    A implica que si C es constante, entonces cuando cae B, cae A. Así cuando los ingresos se hacen más equitativos, debido a que la porción salarial -- S en el diagrama anterior -- sube, el monto acumulado, A, es menor. El problema de qué hacer con A para llevarla de vuelta a la circulación, de vuelta a emplear personas y producir bienes, es un problema menor).
 
            Pero Kalecki fue un pesimista político. Incluso donde el pleno empleo era factible técnicamente, generalmente no lo era políticamente. Consideró al conflicto de clase como una característica fundamental del capitalismo. Pensó que especialmente la clase capitalista tenía un sentido altamente desarrollado de consciencia de clase. Ellos eran rápidos para detectar las amenazas a su poder y rápidos para frustrarlas. Dado que controlaban virtualmente todo el gasto discrecional en la sociedad (es decir, A) no sólo controlaban la economía sino también la mayor parte de los gobiernos, la academia y los medios de comunicación. Ellos, o algunos de ellos, reconocieron los méritos de argumentos como los keynesianos según los que un mayor poder de compra del consumidor serviría a la economía entera, no sólo a la clase obrera. Sin embargo, la clase capitalista se opondría al pleno empleo porque daría poder a la clase obrera y se lo quitaría a ellos.
 
 
 
            Pero aún cuando el pleno empleo no fuera factible políticamente, caer de vuelta en otra Gran Depresión o prolongar el desempleo masivo tampoco era políticamente factible. Kalecki esperaba que lugares como la Europa Occidental iba a experimentar lo que llamó un "ciclo de negocios políticos" en el cual los programas gubernamentales de redistribución de riquezas crecerían y menguarían según la mezcla de los variados temores capitalistas y según la lucha de las clases por influencia política, una clase con la mayoría del dinero, la otra clase con la mayoría de los votos.
 
            Kalecki era aún más pesimista acerca de Estados Unidos. Un estado de bienestar pudo prevenir una recaída en la depresión de 1930 en el Reino Unido, en los países escandinavos y en algunos otros lugares. Pero en Estados Unidos la solución de un estado de bienestar para la inestabilidad del capitalismo no fue factible incluso técnicamente, mucho menos políticamente. El motivo fue que los ingresos eran más desiguales y, por lo tanto, los ahorros mayores. La depresión en Estados Unidos fue más severa y el desempleo mayor. Llevar A de vuelta a la circulación fue una tarea mucho más dura. Kalecki argumentó que sólo elevando el gasto militar en tiempos de paz se prevendría una recaída de los Estados Unidos en una depresión después de la Segunda Guerra Mundial. Los economistas de izquierda norteamericanos, Paul Sweezy de Harvard y Paul Baran de Stanford, escribieron libros acordando con el argumento de Kalecki, por las razones ya dichas y por otras relacionadas.
 
            El exagerado anticomunismo representado en Estados Unidos por el senador de Wisconsin Joseph McCarthy contribuyó aparentemente a forzar la salida de Kalecki de su puesto en Nueva York como economista de las Naciones Unidas en 1955. Aunque tenía inmunidad diplomática como funcionario publico internacional, fue duro para él soportar la histeria política fuera de los muros del Secretariado de la O.N.U. No obstante, trabajos recientes sobre la historia intelectual de las Naciones Unidas sugieren que Kalecki sufrió también la presión al interior de los muros.
 
 
            La O.N.U. fue fundada en 1945 en lo alto de la influencia intelectual de John Maynard Keynes. Los keynesianos no compartían el pesimismo de Kalecki respecto a las perspectivas de pleno empleo en tiempos de paz. Las legislaturas de todas las grandes naciones industriales promulgaron leyes encomendando a los gobernantes mantener el pleno empleo. Los instrumentos políticos definidos por la nueva ciencia de la macroeconomía deberían proveer los medios técnicos que hicieran factible para los gobiernos honrar sus compromisos políticos. El Artículo 55 del Estatuto de la O.N.U. hizo igualmente del sostenimiento del pleno empleo una obligación para las naciones miembros.
 
            Las políticas asociadas a la revolución keynesiana en teoría económica falsificaron una premisa compartida por Kalecki, Marx y los economistas clásicos, la premisa de que los salarios permanecerían al nivel de subsistencia. En gran parte del mundo las clases medias prosperaron. Muchos trabajadores fueron sindicalizados y bien pagados. Los trabajadores comenzaron a contribuir considerablemente al ahorro nacional, especialmente a través de planes de jubilación y pólizas de seguro. La participación salarial en el ingreso nacional subió y el pago proporcional debido a la propiedad bajó, aún cuando esta fue una cuestión de forma más que de sustancia cuando era conveniente para las personas que controlaban los negocios pagar salarios altos a los gerentes antes que altos dividendos a los accionistas. No obstante, la evolución de las economías industriales occidentales luego de la Segunda Guerra Mundial no persuadió a Kalecki de cambiar sus principales conclusiones.
 
            Los economistas de las Naciones Unidas en sus primeros años fueron generalmente keynesiananos de la persuasión social democrática, como eran sus Secretarios Generales el sueco Dag Hammarskjold (quien había anticipado algunas de las ideas de Keynes en su tesis doctoral en economía) y el noruego Trygvie Lie. Durante los primeros años de existencia de la organización, los economistas de la O.N.U. apoyaron y aplaudieron el entusiasmo general del mundo industrializado por el pleno empleo garantizado por los gobiernos.
 
 
            La magia keynesiana desapareció gradualmente. Kalecki permaneció lo suficiente en la O.N.U. para ver comenzar la desaparición y para ver confirmado su pesimismo. Un cambio clave está documentado en la historia reciente del pensamiento económico de las Naciones Unidas de Toye y Toye. El pleno empleo fue desplazado por un concepto nuevo: "desarrollo". La retórica de la O.N.U. sobre la solidaridad sufrió una transmutación, un cambio de forma. Antes fue sobre las clases. Luego era sobre las naciones. El nuevo imperativo moral era ayudar a las naciones pobres a desarrollarse.
 
 
            Pero ¿qué era el "desarrollo"? Primero y principal, era acumulación de capital.
 
 
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D      ®      M    ..........      P      ..........     M'      ®      D'
 
 
 
            Lo que para Marx había sido problemático, se convertía ahora en la solución. Quienes principalmente definieron el significado de desarrollo al interior de la O.N.U., W. Arthur Lewis, Paul Rosenstein-Rodan y Walt Rostow, se preguntaron cómo se habían desarrollado las naciones actualmente definidas como desarrolladas. La respuesta general (una respuesta desde entonces redefinida y modificada por numerosos estudios) fue que estas habían acumulado capital.  La prescripción fue que los países pobres también debían acumular capital.
 
            La delegación de la URSS y sus satélites no discrepó. Si Marx realmente había escrito burlonamente "!Acumular! ¡Acumular! Esta es la ley y la profecía" como parte de su crítica al capitalismo, podían citarse también numerosos pasajes que podían ser interpretados de otra manera.    Muchas generaciones de explotación continua deben pasar antes de que la humanidad esté lista para cooperar y compartir. Como expresó el primer ministro de la India en ese momento, Jawaharlal Nehru, la Unión Soviética había demostrado al mundo que había un segundo camino, el socialista, al desarrollo. Stalin estuvo de acuerdo. El concepto de "desarrollo" de la O.N.U. fue oficialmente neutral respecto a quienes harían la acumulación. Podrían ser empresarios privados. Podría ser el estado.
 
            Michael Kalecki, un pensador siempre independiente, no perteneció a esta corriente. Toye y Toye citan evidencia de que los administradores a cargo del trabajo de Kalecki en la O.N.U. no estaban contentos con él, ni él con ellos. La idea de que había llegado el momento para que las elites del primer y segundo mundo dieran consejos técnicos a las elites del tercer mundo, sobre cómo acumular capital, no fue una idea kaleckiana. Sin duda, el "desarrollo" tuvo consecuencias equitativas: el primer y segundo mundo debía transferir recursos al tercer mundo, debía abrir los mercados a los productos del tercer mundo, los precios de las mercancías exportadas por el tercer mundo debían ser estabilizados y elevados. Sin embargo la consecuencia más natural y usual del "desarrollo" fue que los salarios del tercer mundo debían permanecer bajos. La distribución del ingreso favorecía a las clases ahorrativas. El desarrollo dependió del incremento de la productividad, la cual dependía de la modernización, la cual dependía de mayor inversión, lo cual dependía del ahorro, lo cual dependía de algún sistema de miseria colectiva no diferente al sufrido por los proletariados de Europa en el siglo XIX y al que contemporáneamente comenzaba a sufrir el pueblo ruso bajo Stalin.
 
            Sugiero que para Kalecki, como para Marx, la clave para resolver muchos de los problemas radica en abolir o mitigar el control legal ejercido sobre la mayoría de los recursos de la sociedad por entidades privadas motivadas por la ganancia. Para von Mises este es precisamente el porque los socialistas están equivocados. Para él y sus seguidores cualquier abolición o mitigación de aquél control legal conduciría a la ineficiencia, falta de motivación y amenazaría la libertad. Sugiero que si hay formas para resolver el problema de reconciliar la justicia con la libertad planteado  (involuntariamente) por von Mises; o el problema de la sobreproducción conduciendo al imperialismo planteado por Luxemburg; o cualquier problema básico, incluyendo algunos no mencionados en este trabajo, tal como el problema de hacerle frente a la inflación; resolverlo requerirá la revisión ética de las reglas legales básicas. Los economistas de izquierda han abogado comúnmente por el incremento de una u otra forma de propiedad social, o en algunos casos (como la reforma agraria) por la distribución más equitativa de la propiedad privada. Han abogado por la planificación y por métodos para modificar el mercado para hacer elecciones sociales. En cuanto al control de los recursos, el empuje de la derecha es hacia lo contrario: menos propiedad social, más privatización. La derecha favorece la libertad de elección cuando coincide con el favorecimiento de la propiedad privada y los mercados libres, pero no cuando se trata de liberar a las personas del constreñimiento impuesto por las fuerzas del mercado, por la falta de recursos y por las conservadoras tradiciones sociales.
 
 
            Hoy en día los debates brevemente descriptos, que tienen ahora dos siglos de antigüedad, han tomado un rumbo diferente. Las ideas dominantes hoy son frecuentemente llamadas "neoliberalismo". En la práctica, la derecha está ganando. Sin embargo se puede decir que la izquierda está ganando en la teoría. La izquierda está ganando porque muchas de las premisas que ha sostenido tradicionalmente la izquierda son ahora aceptadas por la derecha, o al menos por los economistas académicos convencionales con tendencia a la derecha. Los economistas en sentido lato neoliberales de hoy, como Ian Little, Jeffrey Sachs y las personas que contribuyen a las publicaciones oficiales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, no defienden la filosofía social de derecha del siglo XIX y principios del XX. No son darwinistas sociales. No creen, como Edmund Burke, que las leyes de propiedad y contrato son leyes de la naturaleza y, por lo tanto, las leyes de Dios. No creen que una mano invisible, creada por una divinidad todopoderosa, guíe los asuntos humanos de modo que las acciones egoístas mágicamente se unan para servir a la sociedad. Por el contrario, tienden a favorecer a los convenios públicos/privados con explícitas intenciones caritativas. No niegan que existan cosas  como los fracasos de mercado y el desempleo involuntario. No se refugian en una doctrina de ciencia objetiva y sin ética, lo cual supondría que si la desigualdad social disminuye o aumenta no es asunto de la ciencia de la economía. Tienden a afirmar, junto con los economistas inclinados hacia la izquierda, que es deseable aceptar un régimen que sea menos productivo económicamente, si es el precio que hay que pagarse por un nivel mayor de democracia y un mayor respecto por los derechos humanos. También acuerdan izquierda y derecha en la condena al capitalismo de amigotes y a la kleptocracia. No tienen, en principio, nada que discutirle al institucionalismo o al pragmatismo. No tienen objeción para el banco central o la intervención gubernamental en economía cuando, en su opinión, sea hecho por una buena causa. El argumento actual de los economistas neoliberales es enteramente empírica: el capitalismo funciona, el socialismo no. (Estas palabras benévolas no son aplicables a todos los economistas neoliberales, y en particular no a aquellos cuyo argumento por el capitalismo tiende a ser más a priori que empírica, más matemática que histórica)
 
            No me convence el caso empírico de los neoliberales. Puede presentarse un argumento empírico mejor (y ha sido presentado por Amartya Sen y otros) para una proposición diferente: la democracia social funciona, el capitalismo sin regulación no. Sin embargo, me conformo con observar que los neoliberales de hoy están de acuerdo, en principio, con jugar según las reglas del juego empírico. (Qué son exactamente aquellas reglas está vehementemente contestado). Están de acuerdo en admitir que la inequidad y la exclusión no son inevitables, que son hechos sociales y no naturales, y que cualquier sistema que en efecto no tienda hacia una mayor equidad e inclusión debería ser modificado.
 
            El contemporáneo economista político marxista Jeffrey Winters ha adelantado una teoría que busca explicar como puede ser, como sugerí, que la derecha esté ganando en la práctica mientras la izquierda gana en la teoría. Winters sugiere que estamos viviendo una Revolución Ubicacional, la cual probará ser con el tiempo tan importante como la Revolución Industrial. En el conflicto entre capital y trabajo la Revolución Ubicacional ha desviado masivamente el poder a favor del capital.
 
            La victoria del capital sobre el trabajo es ocasionada por la mayor fuerza de lo que Bowles y Gintis llaman "poder de salida del capital". El capital no puede ser forzado a hacer concesiones a los sindicatos y no puede ser controlado por los gobernantes, porque cuando esto ocurre no sirve a su propósito y el capital se marcha (su propósito es hacer una cantidad todavía mayor de capital). Se va a alguna otra parte.
 
 
            Winters reconoce que, al menos desde los tiempos de Marco Polo, el capital ha sido móvil. La diferencia está en que antiguamente, aún cuando el comercio fuera global, las operaciones de producción estaban situadas principalmente en Europa y América del Norte y, posteriormente, Japón. Actualmente la producción se sitúa en cualquier lugar del planeta y se traslada rápidamente, de acuerdo a las ventajas cambiantes de locación. Las locaciones compiten en una contienda global por atraer al capital.
 
            Antiguamente los trabajadores del primer mundo eran capaces de enfrentar a un capital relativamente estable y además estaban aislados de la competencia de las mucho más numerosas, pobres y políticamente impotentes masas del resto del mundo. La prosperidad de los trabajadores del primer mundo en la era de Keynes durante y después de la Segunda Guerra Mundial fue en parte debido a que el capital necesitó de ellos. El capital no podía producir sin ellos.
 
           
En la actualidad, el capital ha aprendido que puede producir sin ellos. Una corporación puede formar subsidiarias y comprar y vender entre sus subsidiarias de manera que emplea mano de obra donde ésta sea más barata, paga impuestos donde estos sean más bajos y vende sus productos donde los consumidores sean más ricos. El temor a la huida del capital es suficiente para intimidar a cualquier gobierno. Los capitalistas no necesitan amenazar. Los gobiernos van a ellos, con ofertas y subsidios de todo tipo. Este proceso es llamado algunas veces la carrera hacia el fondo. Quién tuviera los estándares más bajos ganará la carrera.
 
            A causa de la Revolución Ubicacional, las concesiones teóricas de los economistas neoliberales son de poca importancia. Si los neoliberales conceden que allí puede estar un caso para la regulación gubernamental, después de que las empresas del sector público son vendidas a intereses privados, su concesión académica no tiene efecto sobre los nuevos propietarios. Los nuevos propietarios pueden aterrorizar a sindicatos y gobierno al igual que cualquier capitalista. El argumento teórico a favor de la privatización es que el gobierno debería confinarse a sí mismo a su tarea, gobernar. Las empresas deberían ser abandonadas a los empresarios, y a sus equipos experimentados en gestión de empresas. El argumento plantea que el papel del gobierno es guiar, no remar. La realidad es que los gobiernos actuales no pueden ni guiar ni remar.
 
            En su estudio empírico, "Power in Motion: capital mobility and the Indonesian state", Winters mostró que el gobierno de Indonesia era obligado a entregar las mayores concesiones a los propietarios de las formas móviles de capital. En la medida en que las formas de capital se volvieron menos móviles, más difíciles de parar y restabilizar en otra parte, el poder del gobierno se incrementó. El estado indonés fue más capaz de disciplinar los negocios cuando pudo financiarse enteramente por si mismo por los ingresos de los contratos petroleros, y no necesitó tener ningún negocio dentro de su jurisdicción para proveer una base impositiva.  Cuando faltaban divisas petroleras, el gobierno fue indefenso contra el capital móvil.
 Aunque Indonesia tiene leyes laborales socialdemocráticas en el papel, la correlación de fuerzas concreta dicta que no sean cumplidas. Parte de la razón por la cual hoy en día, aún en la pequeña escala local, los capitalistas indonesios pueden defenderse fácilmente por si mismos contra las demandas para mejorar los salarios y las condiciones de trabajo, está en que no necesitan ir a lo global, ya que la mayoría de ellos tiene negocios y conexiones familiares en países vecinos de salarios bajos, a los cuales pueden trasladar las operaciones.
 
 
            De te fabula narratur. Lo que Marx dijo a los alemanes, Winters lo dice a los trabajadores del primer mundo. El cuento trata de ti. . Para el trabajo la fiesta terminó. El resultado de la larga carrera, cuando el impacto completo de la Revolución Ubicacional sea palpable, será salarios del tercer mundo en todas partes.
 
            La economía de ayer usualmente trataba sobre "la economía" de una "sociedad". Estos conceptos refieren cada vez menos a entidades apropiadas para explicaciones científicas. Los límites que separan una entidad de otra son porosos. Las políticas de las naciones son crecientemente impotentes para determinar lo que ocurre en "su" economía.
 
            Los economistas pueden continuar escribiendo sobre el "ingreso nacional", como si dentro de los límites nacionales hubiera una "sociedad" que tuviera un ingreso, pero se vuelve cada vez más claro que las naciones no tienen ingresos. El propietario legal de un ingreso es una persona, una persona natural o una corporación (una persona artificial). Como señala Winters, estas personas no son representantes de la sociedad, que hacen el trabajo de la sociedad para producir su ingreso nacional. Ellas trabajan por si mismas, poseen el dinero y lo mueven alrededor del mundo como quieren. Las Naciones Unidas pueden continuar produciendo estadísticas midiendo el Producto Bruto Interno de entidades llamadas "naciones", pero lo verdadero legalmente es que los productos no pertenecen a las naciones. Anteriormente se daba el caso de que los productos fabricados dentro de una nación, aunque no pertenecieran a la misma, podían ser gravados impositivamente por la nación. Pero los impuestos sobre el capital ya no son factibles en el mundo de hoy. Las naciones  temen la huida del capital y compiten para atraer las inversiones. L' argent n' a pas de maitre.
 
 
(La terminología técnica neoliberal dice que los impuestos sobre el capital son "distorsionadores" debido a que desvían las decisiones de inversión de lo que sería si no hubiera impuestos. Los gobiernos son aconsejados para aceptar impuestos "neutrales" y "no-distorsionadores", lo cual significa principalmente un valor agregado o impuesto sobre las ventas, pagado por los consumidores)
 
 
            Resulta obvio que no acuerdo (ni acuerda Winters) con aquellos marxistas que niegan que la globalización favorece al capital y debilita al trabajo. Pero mi conclusión no es que la ciencia social terminará en el pesimismo. Los cientistas sociales trabajarán para hacer visibles las reglas constitutivas que gobiernan la explotación en todas sus formas, incluyendo la explotación en la forma de la carrera hacia el fondo. Trabajarán para hacerla visible y para cambiarla. La carrera hacia el fondo es posible por una estructura legal que puede ser cambiada.
 
            Las reglas constitutivas que gobiernan el movimiento internacional actual del capital, vagando por el globo en busca de formas aún más racionales de convertir el dinero en más dinero, son los mismos principios del código civil del que Marx se burló cuando satirizó la compra y venta de fuerza de trabajo. La esfera de la circulación global, o de intercambio global de mercancías, dentro de la cual las locaciones son compradas y vendidas, es ciertamente un verdadero Edén de los derechos naturales del hombre. Allí sólo reina la libertad, la igualdad, la propiedad y Bentham. Libertad debido a que el comprador y vendedor de una mercancía, por ejemplo las leyes que gobiernan los negocios, se mueven únicamente por su propia voluntad. El gobierno anfitrión y la corporación huésped firman un contrato, como personas jurídicas libres e iguales en derechos. El contrato es la forma con la cual le dan expresión legal a la unión de su voluntad común. Igualdad debido a que se relacionan unos con otros como propietarios de mercancías, siendo el gobierno la persona jurídica que posee los derechos para hacer negocios en un territorio dado, y en muchos casos el derecho de explotar sus recursos naturales, y siendo la corporación la propietaria del capital y la tecnología. Intercambian de igual a igual; cada uno obtiene lo que quiere y paga lo que el mercado determina. Propiedad debido a que cada uno dispone sólo de la propia. Bentham debido a que cada uno cuida sólo de sí mismo. El único motivo que los lleva a estar juntos y define sus relaciones es su egoísmo. El gobierno del territorio anfitrión tiene alguna ventaja comparativa, como una fuerza de trabajo dócil y barata, mientras que el interés privado de la corporación, al menos por el período que dure el contrato, es comprar aquella locación con aquellas ventajas comparativas gobernada por las leyes ofrecidas. Y precisamente debido a que cada uno cuida sólo de sí mismo, y ninguno se interesa por el otro, resultando de una armonía preestablecida, o bajo la guía de la más ingeniosa providencia, todo trabajo para obtener ventaja del otro, deviene en el bien común, en el interés general.
 
            Lo que hace de izquierda a un economista es el desacuerdo con la estructura legal del capitalismo. Los economistas convencionales no están equivocados al tratar a los marxistas, a la mayor parte de los post-keynesianos y a los institucionalistas como marginales a la profesión.   Estas minorías independientes finalmente no quieren tanto participar en la ciencia oficial dentro del paradigma dominante.   Quieren cambiar el paradigma. El paradigma está definido por la ley de propiedad y la ley contractual. El economista argentino José Luis Coraggio tiene razón al decir que los economistas que están dedicados a cambiar el paradigma no están haciendo más economía política, sino practicando una disciplina más amplia que Coraggio llama socioeconomía. La socioeconomía considera como parámetros variables lo que la economía convencional da por sentado.
 
            La socioeconomía no asume que la jurisprudencia de la máxima romana pacta sunt servandum, esto es que los contratos debían ser cumplidos, la cual define las obligaciones de compradores y vendedores en una sociedad comercial, debe ser considerada como una demostración de que las normas sociales requieren de buenos ciudadanos en una buena sociedad. No asume un ideal de libertad el cual prescribe que cada uno cuide sólo de su propio interés. No asume que en una buena sociedad la norma social seguiría la ley romana del suum cuique, a cada quien lo suyo. Lo que Coraggio llama socioeconomía explora la construcción, reconstrucción (y recuperación de las tradiciones más antiguas) de una variedad de normas sociales que prescriben las obligaciones mutuas. No asume la validez eterna de las normas jurídicas del individualismo liberal.
 
 
            Sugiero que ser economista de izquierda en la actualidad quiere decir trabajar para democratizar la propiedad y para fortalecer las buenas relaciones humanas que no sean mercantiles.   Quiere decir buscar una sociedad menos alienada y menos mercantilizada.  Creo que  este enfoque sobre las estructuras culturales básicas (es decir, sobre  lo que Marx llamó Verhaltnisse, relaciones humanas) ayuda a solucionar los problemas difíciles que fueron mencionados anteriormente, por ejemplo el problema difícil de lograr a la vez la justicia y la libertad.
 
           
 
 
 
 
 
 
 
 
 
           
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