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Paradigma Ético PDF Print E-mail

               Pensamiento de Izquierda Actual, Paradigma Mecánico, Paradigma Ético


(Comentario a Héctor Vega, Integración Económica y Globalidad, América Latina y el Caribe.  Santiago: Ediciones Tierra Mía, 2003)


                El excelente libro de Héctor Vega realiza una investigación detallada de numerosos esfuerzos para lograr la integración latinoamericana desde la independencia hasta nuestros días, algunos parcialmente realizados y vigentes y otros ya abandonados o incorporados en nuevos esfuerzos más recientes.    A estas alturas la integración no ha precisamente fracasado.  Más precisamente ha sido tergiversado.  “…la actividad de las transnacionales y el Consenso de Washington, son dos vías de una misma inspiración: la apertura de las economías, como base del ordenamiento global.   Los grandes negocios, la apertura a la inversión extranjera y la privatización de las empresas del estado son los factores activantes de la integración dentro de la globalidad.”  (p. 221)   En fin, la integración, tal como ha sido realizado, ha dejado los latinoamericanos aún más dependientes. Ha postergado aún más las reivindicaciones sociales.


            El autor del libro posee una serie de títulos académicos, entre otros el título de doctor en ciencias económicas, y ha ocupado una serie impresionante de puestos de investigación y docencia.   Durante la dictadura pasó por Villa Grimaldi y otros campos de concentración y tortura.   Actualmente enseña en el programa de doctorado sobre sociedades latinoamericanas en la Universidad Arcis.


               El presente comentario sugiere que la superación de los problemas graves descritos pasa por la reconstrucción ética en el plano teórico.    Sitúa al libro comentado como un ejemplar entre muchos libros que son semejantes en el sentido que muestran que ni las ciencias económicas en sus formas actualmente dominantes ni las economías que ellas estudian cumplen las funciones que deben cumplir.    Las primeras no producen ni explicaciones válidas de los fenómenos observados ni predicciones verificables.  Las segundas no producen ni prosperidad sustentable ni justicia.   La crítica abre camino a la construcción de  alternativas.


              Integración Económica y Globalidad y otros libros afines se caracterizan por cierto nivel de ambigüedad en cuanto al valor científico de conceptos centrales de las ciencias económicas dominantes, como los son por ejemplo equilibro, elasticidad, factores de producción, productividad.    A veces parecen estar de acuerdo con pensadores como Joseph Stiglitz y Ricardo Ffrench-Davis quienes proponen correcciones a las políticas actuales sin cuestionar ni los principales conceptos ni las instituciones subyacentes.   Se alejan del neoliberalismo sin alejarse de la modernización.  Hay por ejemplo cierto nivel de ambigüedad en las palabras siguientes:   “Las propuestas democráticas en la sociedad civil  se debilitan cuando el Estado-Nación dimite sus funciones a favor de las transnacionales.  En esas circunstancias el poder del Estado-Nación es una ficción.  Asimismo, las relaciones monetarias internacionales se basan en la ficción de instituciones cuya base corresponde a la época de la convertibilidad del dólar.   La regulación ejercida por las instituciones de Bretton Woods, cuando existía el sistema monetario internacional, permitió un cierto equilibrio entre las políticas económicas elaboradas en el ámbito nacional y la liberalización del comercio exterior.  Hoy, dicho de poder de regulación no existe. …  Para completar el cuadro de la fragilidad de las instituciones económicas internacionales, baste recordar que la masa de transacciones especulativas, esto es transacción de papeles, es de tal magnitud que no tiene relación con la producción real (ver supra, par. 2.3).   De aquí se deduce, que la adecuación de la economía interna al comercio internacional, es un producto de la globalización, que junto a las transacciones de carácter especulativo, conduce a graves asimetrías en el continente.  Esto ha llevado a procesos de exclusión social, inevitables en un contexto donde el Estado Nación  ha renunciado de gran parte de sus funciones compensatorias.¨”   (pp. 223-24)


           Entre las ambigüedades de textos como el recién citado se encuentran:  si sería posible sin cambio de paradigma basar las políticas en las realidades de hoy y no en ficciones que suponen la supervivencia de las realidades de ayer;    si el Estado-Nación dimitió sus funciones debido a una opción política, debido a los criterios impuestos en forma violenta por los regimenes militares,  o debido a fuerzas de la competencia global incontenibles que cerraron las opciones, o quizás debido a errores intelectuales (siendo la discusión de estas cuatro posibilidades ampliamente iluminada por los detallados datos históricos contenidos en el libro comentado);  si sería posible restaurar la regulación internacional ahora perdida (quizás en la nueva forma propuesta por el grupo ATTAC (pp. 194-95));   si el estado podría resumir sus funciones compensatorias y de esta manera abrir paso a revertir la actual tendencia a la exclusión social.    En fin, es ambiguo si una nueva alianza de fuerzas sociales capaz de imponer políticas tradicionales de centro-izquierda o de izquierda podría cambiar el actual rumbo desastroso, o si se necesita además de una nueva alianza de movimientos sociales también un nuevo pensamiento.


        Vistas las ambigüedades, se puede plantear la pregunta si el autor imagina soluciones a los problemas prácticos al interior de una versión pulida del marco teórico actualmente dominante en la enseñanza y práctica de las ciencias económicas.    La respuesta a la pregunta es negativa.    Las ambigüedades son pasajeras.   En fin de cuentas Integración Económica y Globalidad como otros libros típicos del pensamiento de izquierda actual saca una conclusión que implica otra práctica y por lo tanto otro pensamiento:   “Todo ello implica tensiones y luchas sociales donde está presente la transformación de las relaciones de producción.   Sin embargo, lo esencial en las nuevas luchas no está allí, sino en la producción de relaciones, lo cual lleva implícito el reemplazo del sistema.”  (p. 224)


        El reemplazo del sistema supone junto con la producción de relaciones reemplazantes también el reemplazo de los modos de pensar que orientan y justifican el sistema.   Se abre paso pues a la hipótesis que tanto la explicación científica de la globalización (véase Richards 2000) como la confección política y social de planes, programas, y proyectos para superar la exclusión social pasan por una reconstrucción ética de las ciencias económicas.  Dicha hipótesis no supone una deconstrucción previa a la reconstrucción.    Plantea más bien resignificar, reinterpretar, transformar y perfeccionar las instituciones y discursos ya existentes.  Es una hipótesis radical pero no es una hipótesis destructiva.    Critica y corrige las metáforas mecánicas que habitan las reparticiones de las ciencias económicas.   Dichas metáforas han sido enfocados en largos debates sobre si la ciencia económica sea efectivamente una ingeniería o física social, o si sea una forma de ciencia humana. (Veáse por ejemplo Mirowski   1989)   Sus raíces históricas ya han sido analizadas con claridad en las obras de Renato Espoz (2003)  y Andrés Monares (2008) de la Universidad de Chile.    La opción ética plantea la incorporación de la ciencia económia al resto de las ciencias humanas y sociales, para formar lo que Amartya Sen y otros llaman una ciencia socioeconómica (véase www.sase.org)


        La novedad de Héctor Vega en el libro comentado, que le distingue metodológicamente de otros autores, reside en su uso de un concepto de plus derivado de las obras del economista marxista norteamericano Paul Baran.  Es un concepto afín pero no idéntico al famoso concepto de plusvalía de Carlos Marx.  El plus distorsiona el costo de los factores, especialmente capital y trabajo. (p. 12)  El plus es el punto de encuentro entre la economía y la política.  Su contenido sociológico es el consumismo manipulado por las clases dominantes.   Se vincula el  plus a los proyectos políticos de la clase media y a su capacidad negociadora.  (p. 13)  La magnitud del plus a la remuneración de los factores determina el costo de la negociación social.  (p. 14)    Se puede hablar también, en forma equivalente, de un costo social de oportunidad.  Dicho costo social, el mismo plus, introduce imperfecciones al mercado de los factores de la producción.   Es el caso cuando una empresa externaliza sus costos, imponiendo a terceros el costo de sus operaciones.  La externalización de costos se presenta como un plus a la remuneración de factores. 


        En las economías latinoamericanas populistas anteriores a las dictaduras neoliberales de los años setenta el Estado cumplió un papel integrador de las clases medias con una política de plus mediante presupuestos crónicamente deficitarios.   El costo de los factores de producción subió por agregar costos de oportunidad plus a la remuneración de los factores, determinando un costo de desarrollo de la economía.   Entre los resultados se encontraban desempleo, inflación, dependencia de financiamiento externo, y una proyección internacional limitada a la monoproducción de materias primas.   (pp. 54-56)   El plus es una remuneración espúrea que resta recursos productivos reales y financieros del desarrollo.  (p.59)   Explica un déficit de bienes exportables de mayor valor agregado y por ende la falta de competitividad en el mercado internacional.  (p. 60)


      El modelo neoliberal se caracteriza por el debilitamiento del poder de negociación de las clases medias y los trabajadores.  El Estado pierde eficacia negociadora al desaparecer la función política de las clases medias.  (p. 69)  En la economía global, la demanda externa tiene un papel determinante.  Sin embargo, el problema del plus no desaparece.   El actual crecimiento del comercio latinoamericano según las impulsiones de la apertura a la economía global no es sostenible sin resolver los parámetros de la negociación social.  El plus a la remuneración de los factores, por su proyección en los precios del mercado, pasa a ser el elemento condicionante de la integración.  (p. 79)  “La competitividad internacional –propuesta central de la noción del regionalismo abierto—implica costos sociales que el modelo, hasta ahora, ha sido incapaz de resolver.  Pero no sólo se ignoran los costos sociales del ajuste.  La modernidad aparece también, como un término contradictorio con el desarrollo y la defensa del patrimonio nacional.  Por cuanto, en el modelo imperante de ajustes económicos se postulan compensaciones sociales indiscriminadas, con consecuencias en la remuneración de los factores, plus, que aparece reflejado en un costo de oportunidad social de proporciones.  Las secuelas más notorias se reflejan  en la concentración del ingreso y el desempleo.  Los medios para realizar estas políticas han sido las privatizaciones, la externalización de costos, la especulación financiera, la permisividad con relación a la preservación del medio ambiente y la virtual liquidación del patrimonio nacional.”  (p. 89)


            El análisis de Vega fundamenta una respuesta afirmativa a la pregunta si se necesita además de una nueva alianza de movimientos sociales también un nuevo pensamiento.  Un nuevo pensamiento es necesario.   Sin ello la recuperación de la capacidad negociadora que tenían las capas medias y los trabajadores en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado conduciría a los mismos resultados de los años cincuenta y sesenta.   Según el análisis del autor, habría un plus que distorsionaría las remuneraciones de los factores de la producción.  El alto costo de oportunidad resultante de la falta de precios reales conduciría a la conocida secuela de déficit fiscal crónica, inflación, y desempleo. 


          Se puede articular el argumento destacando tres casos, observando de paso que en principio haya 4, 5, ….n   casos.


1.     El primer caso sería el populismo y la implementación parcial de varias recetas CEPAListas en lo que los historiadores llaman el “estado de compromiso” en Chile que duró desde Pedro Aguirre Cerda hasta el 11 de septiembre de 1973.   En este caso el plus derivado de la negociación social distorsiona los precios.


2.     El segundo caso sería el neoliberalismo impuesto desde 1973 hasta por lo menos 2003, la fecha de la publicación del libro comentado.  En este caso otro plus distorsiona los precios.  El poder del capital transnacional y nacional asociado al transnacional le permite externalizar sus costos, y además en mil otras maneras sacar un plus, debido a su poder económico y político.  Tampoco hay precios reales  (según la noción de “real” típica de las teorías ortodoxas).


3.     El tercer caso sería la utopía de una economía sin “política” y con mercados perfectamente competitivos,  propuesta por la teoría neoliberal de los libros textos estudiados por los alumnos de ciencias económicas.   En este caso no hay plus.  Como buen historiador, el autor constata que semejante utopía no es ni va a ser la realidad humana.  A veces el autor hace eco del discurso teórico dominante y parece creer que si el tercer caso fuese posible sería deseable.  Pero en fin de cuentas su conclusión, si bien lo entiendo,  es otra: Reconoce que la remuneración de los factores sin las distorsiones del plus conduciría a lo que John Maynard Keynes llamaba un equilibrio de bajo nivel dejando a muchos sin trabajo y a lo que Carlos Marx llamaba la apropiación privada del producto social, dejando a muchos pobres. 


     En los casos dos y tres, la desigualdad social es notoria.   En el primer caso es ligeramente moderado.  En los tres casos el modelo es insostenible, tanto por razones ecológicas como por razones sociales.  En los tres casos la producción nacional se queda muy por debajo de la producción nacional potencial, por cuatro razones que el autor cita, siguiendo otra vez el pensamiento de Paul Baran (p. 59):


1.  El consumo excesivo de los grupos de altos ingresos, lo que resta recursos de la                                                                                                                     producción.

  1. Los trabajadores improductivos.
  2. La organización irracional del aparato productivo existente.   Vega observa entre otras cosas que en América Latina y en el Caribe la producción nacional casi nunca utiliza plenamente la capacidad instalada (por falta de demanda efectiva).
  3. El desempleo, lo que quita de la producción lo que producirían los cesantes si tuvieran trabajo. (Según los libros textos neoliberales éste no existe en el caso tres, porque según ellos el desempleo sería producido por la distorsión de los precios.  No existiría en un mercado perfecto con sueldos y otros precios fijados por un mercado competitivo.)

         El bienestar humano requiere, pues, otro sistema orientado por otro pensamiento.  Esto se sigue del análisis conceptual  de Vega utilizando su concepto de plus y cobra peso empírico  por su detallada descripción de los fracasos históricos a lo largo de los siglos XIX y XX.   También se sigue de los análisis de otros quienes han visto los mismos hechos a través de otras lentes teóricas.  Habiendo llegado por su propio camino a una conclusión semejante a la de muchos otros, el autor señala unas pistas en el camino a recorrer para llegar al nuevo sistema y al nuevo pensamiento requeridos.  El presente comentario sugiere que se puede avanzar más hacia la construcción de alternativas si se concibe la ciencia económica como ciencia socioeconómica humana con finalidades solidarias.


           Integración Económica y Globalidad propone un estado fuerte y activo.  Semejante estado no pueda llegar a ser sin una integración social que lo legitima.  “Solo la transformación del Estado, para producir la integración social, podrá decidir la compatibilidad del accionar de las empresas transnacionales con los intereses de los pueblos latinoamericanos y caribeños.  Acción que deberá traducirse, en una nueva regulación para la inversión extranjera directa, cuyo efecto esperado es un tipo de explotación sustentable.   Otros nuevos efectos esperados, son una nueva relación de las empresas locales o regionales con los mercados mundiales o relación con la cadena de valor  (en el sentido de Porter) de las actividades globales; interrelación con la industria local; repartición de ganancias; royalties; internalización por parte de las empresas de los costos ambientales y leyes laborales.”  (p. 71)


          Su proyecto implica transformaciones importantes en la sociedad civil.   “Nuevas prácticas de participación local, capaces de generar no solo armonía en la explotación presente y futuro de los recursos, sino de imponer proyectos globales de desarrollo, de cambios tecnológicos, de cooperación, de inversiones, de cambios institucionales, en fin transformaciones políticas importantes.”  (p. 224)  La nueva alianza de diversos movimientos sociales debe luchar por lo local, lo humano, y lo sustentable. (p. 225)


          No hay mucho más.   Como tantos otros, el libro comentado demuestra la necesidad de una alternativa ofreciendo pistas importantes pero incompletas para construir una alternativa.    Además las pocas pistas que ofrece son aparentemente difícilmente compatibles entre sí.   Aunque el autor no crea en la utopía teórica neoliberal (caso tres), él sí propone mercados eficientes (pp. 71-72).   En el mundo mejor deseado los mercados deben cumplir sus funciones sociales facilitando cálculos económicos racionales sobre la base de precios reales.  La propuesta nueva alianza de diversos movimientos sociales progresistas debe conseguir más participación y más representación. Debe ser un contrapoder capaz de contestar al poder aplastante del capital transnacional.  Pero aparentemente no deba hacer lo que los contrapoderes tradicionalmente han hecho.  No debe distorsionar los mercados con un plus impuesto por la negociación social.


         La hipótesis de este comentario es que tanto la explicación científica de la globalización como la confección política y social de planes, programas, y proyectos para superar la exclusión social pasan por una reconstrucción ética de las ciencias económicas.   Según dicha hipótesis la relativa debilidad de la alternativa constructiva ofrecida, comparada con la fuerza contundente del análisis de las falencias de los varios modelos que han sido ensayados en el curso de dos siglos,  no es una limitación del autor comentado.  Ni es una limitación de otros autores afines.  Es una limitación de las ciencias económicas.   Es una limitación de una forma de hacer ciencia cuyas raíces históricas derivan de un paradigma mecánico.


         La noción de limitación del paradigma mecánico se podría aclarar partiendo de casi cualquier concepto de las ciencias económicas.   Irving Fisher y otros han mostrado que la mayor parte de ellos son analogías o préstamos derivados de las ciencias mecánicas (Fisher 1925, Breslau 2003) aunque no faltan quienes digan que el cuerpo de la ciencia económica siempre ha sido humano a pesar de vestirse en ropa prestada de las ciencias duras.  (Véase Schumpeter 1954).   Partiremos a continuación de un concepto central de Integración Económica y Globalidad: la remuneración de los factores de la producción.  El plus  se define como distorsión de ella.  (p. 12)


            Un “factor” es un número, como  3 y 13 son factores de 39.  Un “factor” es también una causa entre varias, así a veces se atribuye un resultado no a una causa única, sino a varios “factores”  concurrentes.  A veces ni se sabe a ciencia cierta las causas de un resultado pero se pueden identificar “factores” que lo hagan más o menos probable.  A veces se identifica como “factor” cada uno de las variables consideradas en una ecuación de regresión múltiple.


          Como nos han mostrado Espoz y Monares, para superar las limitaciones de las ciencias económicas actuales es conveniente estudiar su historia.  En el caso del concepto de remuneración de los “factores” de la producción es conveniente recurrir a su gran inventor David Ricardo.    Escribió Ricardo en una carta a Thomas Malthus con fecha 9 de octubre de 1820: “Ud. supone que la Economía Política es una investigación de la naturaleza y causas de la riqueza –y yo estimo que debería llamarse investigación de las leyes que determinan el reparto de los productos de la industria entre las clases que concurren a su formación.   No puede enunciarse ninguna ley respecto a cantidades, pero sí con bastante exactitud para las porciones relativas.  Cada día me convenzo más de que la primera investigación es vana e ilusoria y que la segunda es el verdadero objeto de la ciencia.”  (Ricardo 1820)


           El hecho que Ricardo trataba de repartición entre clases sociales, en términos que se refieren a personas, mientras que sus sucesores tratan los mismos fenómenos en términos de la palabra “factores,” un término que suena a álgebra y a física, no demuestra en sí un cambio paradigmático.  Las palabras sueltas suelen prestarse a interpretaciones varias.  Se puede tirarlas para promover, matizar, o anular cualquier filosofía.   Cito el lenguaje de Ricardo más para sugerir una aclaración de un concepto que para demostrar una tesis.   Lo que sugiero es que tienen razón quienes han visto en el auge de una ciencia económica con pretensiones newtonianas un elemento constitutivo de la modernidad.  (Por ejemplo, Louis Dumont  1977, 1983)


            Los hechos –bien lo sabía David Ricardo—demostraban la existencia de una clase terrateniente.  Los niveladores habían perdido en las guerras civiles ingleses.  Por lo tanto había una clase de personas, cuyos ancestros habían sido los ganadores, quienes no tenían ninguna necesidad ni a trabajar ni a emprender.  La ley las definió como sujetos jurídicos propietarios de tierras.  La misma ley (una parte de la ley menos antigua) estableció el contrato como la forma jurídica de aquellas transacciones por las cuales los rentistas les cedieron el uso de sus tierra a los agricultores, en cambio de renta.     Esto fue el trasfondo histórico –el trasfondo normativo, político, y militar—de la teoría de la renta de David Ricardo.  Había clases sociales porque había ciertas normas, había cierta ética.  Fue históricamente constituida.   El marco jurídico-ético determinó que entrasen al mercado los unos con ciertos recursos, algunos con otros recursos,  los otros solamente con la fuerza vendible de sus cuerpos y cerebros.   Hubo ciertos precios en primer término porque hubo ciertos contratos, aunque el monto de la renta estipulado en el contrato tuviera que ver, como Ricardo observaba, con la productividad relativa de ciertas tierras comparadas con otras.    La compraventa es un contrato, el arriendo es un contrato, y en fin (lo constata Ludwig von Mises (1959)) el precio es un contrato.   Puesto que los precios son insumos imprescindibles para los cálculos económicos,  si un paradigma es, como lo dice Thomas Kuhn, lo que define los objetos a los cuales una ciencia aplica sus cálculos matemáticos, entonces el verdadero paradigma de la ciencia económica es su marco ético-jurídico.  Su famosa calidad de “física social” aunque parezca ser su paradigma, aunque haya muchos libros y artículos en revistas especializadas que digan que sea su paradigma, no lo es.


            Una limitación del paradigma (o aparente paradigma) mecánico es su evasión de algo que es fundamental, v. gr. los marcos normativos históricamente constituidos.   La reconstrucción ética de las ciencias económicas recupera la piedra rechazada.   Parte de aquellas fundaciones  ético-jurídicos (moralische Rechtslehre al decir de Manuel Kant)  que los procedimientos matemáticos propios de una ciencia mecánica aceptan sin comentario y así ocultan.   El estudio de la historia de las ciencias económicas (por ejemplos Espoz 2003, Monares 2008) revela el proceso de ocultamiento, y abre camino al desvelamiento. 


             En 1820 el trío ricardiano trabajador, emprendedor, dueño de tierras definió tres clases sociales.  En el transcurso del siglo XIX las tres clases llegaron a ser “factores de la producción.”  El sueldo del trabajador llegó a ser “igual al producto marginal del trabajo.”  La frase entre comillas es declarativa.   El salario es igual al producto marginal del trabajo.  El economista llegó a ser un científico observador, como el astrónomo es un científico observador.  Constata hechos.


            La reconstrucción ética, además de constatar los hechos normativos  (“hechos institucionales” al decir de John Searle (1964)) que fundamentan una cultura determinada e incluso fundamenta aquella cultura determinada que se llama economía moderna,  también recupera las causas finales.   Como la ciencia sin causas finales fue integral a la constitución intelectual de la modernidad, y con la modernidad la constitución de la ciencia newtoniana y weberiana, así ahora la reconstrucción de una parte de la ciencia (la ciencia social),  integra otra vez las causas finales.  El “socioeconomista” (el sucesor del economista, como ha sugerido  Sen) ya no es un observador.  Tiene finalidades.   Es un participante.  Construye.


            La idea que la vida humana (y por lo tanto aquellos episodios en la vida humana que son la participación en la industria y el comercio) tuviera finalidades no es una idea nueva.  Son viejas las ideas que la vida humana tiene un propósito, que el propósito es amar y servir a Dios y al semejante, que la buena voluntad coopera con Dios, que es posible distinguir el bien del mal, que obrar por el bien es lo que la norma social espera de la persona, que la razón recta conduce al bien.   Se puede decir que semejantes viejas causas finales son falsas, que son nefastas,  que son superadas …  pero no se pueda decir que sean insólitas.   Todo el mundo las conoce.  Tampoco se pueda decir que sean incapaces de orientar el pensamiento de una civilización.   Años atrás, en siglos anteriores  a los siglos XIX y XX estudiados en Integración Económica y Globalidad orientaron el pensamiento de una civilización.   La occidental.   La nuestra.


             Ni son, por lo menos ni son enteramente, ideas inasequibles para quienes no creyesen que Jesús nació de Santa María Virgen,  que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, que al tercer día resucitó de entre los muertos, ni creyesen nada por el estilo.   Desde el siglo XVIII ocho poseemos el ideal humanista de la fraternité que se llama aquí y ahora solidaridad(Figueroa 2005)   La solidaridad es un punto de encuentro entre creyentes y ateos.  Un Pablo Neruda ve en el rostro del victima del sistema y pensamiento económico vigentes el rostro de un hermano querido que sufre.   Un Alberto Hurtado ve Cristo.  Ambos ven rostros.  


             Cabe decir que aunque la solidaridad sea un punto de encuentro aquí y ahora entre aquellos creyentes y aquellos ateos que ven la necesidad de reconstruir las ciencias económicas, dentro de una perspectiva más amplia el ideal de solidaridad es solamente un ejemplo de algo más general.   Ha sido típico de la especie humana, nos dicen los antropólogos, organizarse con sistemas de parentesco y sistemas de obligaciones recíprocas.   Se puede hablar en forma  general de los recursos culturales de una sociedad.  Son aquellos recursos de orden normativo que faciliten la cooperación.


             Aceptemos pues la finalidad de movernos de aquí donde estamos, inmersos en la triste realidad latinoamericana pormenorizada en Integración Económica y Globalidad, hacia una economía solidaria.   Aceptemos que la ciencia socioeconómica se dedicará a servir al prójimo sufriente como hermano, como persona, y por lo tanto nos alejamos del lenguaje que nombra  sus carencias como  fuente de “presión social” acogiendo metáforas mecánicas, o como “costo social,” acogiendo metáforas contables.   La ciencia que, como propone Vega, promueve lo local, lo humano, y lo sustentable atiende al hermano porque tiene necesidades, y no porque su rebeldía amenace a desestabilizar el orden social establecido.   Regresamos a lo que ha sido la institución más antigua de la especie humana,  el parentesco, la familia, recuperando no solamente la obligación mutua con o sin relaciones de intercambio mercantil,  sino el sentido de hermandad que debe regir en fin de cuentas también el intercambio mercantil.


       La propuesta ética es más y no menos científica que la propuesta mecánica.  Se puede bosquejarla acogiendo los viejos distingos entre cuatro tipos de causalidad propuestos por Aristóteles.   Si aceptamos la realidad de la construcción histórica de las instituciones, entonces la materia prima (causa material) de la integración social es la cultura existente aquí y ahora.  Se trata de transformarla, reforzando sus fortalezas  y puliendo sus debilidades.   La metodología del cambio (causa eficiente) es la acción cultural (Freire 1975), un concepto que ha sido identificado con la educación popular que en principio abarca más.  Abarca toda aquella acción educativa (sin excluir la política) que humaniza las estructuras alienantes.  El principio sagrado (causa formal) que organiza el proyecto de sociedad (como el tótem fue el principio sagrado organizador de las sociedades de aborígenes australianos estudiadas por Emile Durkheim (1912)) es la persona humana, persona con vocación trascendental según los creyentes, y en todo caso único y precioso.    La finalidad general, la que resume una infinidad de finalidades concretas sitiadas y fechadas, es servir a dicho principio organizador sagrado, finalidad a la cual conviene agregar el lograr de una armonía sustentable entre la vida de los seres humanos y las de las aguas, el aire, los suelos, y las formas animales y vegetales que comparten el planeta con nosotros.


       Falta dar unos ejemplos concretos, elaborando unas pistas ya sugeridas por el autor del libro comentado, proponiendo unos pasos hacia una ciencia socioeconómica solidaria.  El tema será la inclusión de todos y cada uno de los hermanos y hermanas en una sociedad fraternal, partiendo del objetivo concreto de pleno empleo.    No es el único tema imprescindible.  Es imprescindible también tratar de la recuperación del patrimonio público, de las funciones sociales de los excedentes de las impresas y de su reciclaje, del papel social del empresario, de un orden internacional justo… entre otros.     No es éste el lugar para elaborar un programa completo, ni el lugar para resumir la literatura abundante ya existente sobre el tema de ciencia socioeconómica solidaria  (véase por ejemplo www.economiasolidaria.net, www.economiasolidaria.org, http://lahoradelaetica.wordpress.org). Se trata de ilustrar una propuesta constructiva.


          Se trata de resignificar el mercado.   Mejor dicho se trata de contra-resignificar el mercado, puesto que el mercado ya ha sido y está siendo resignificado.   La revolución capitalista realizada por los militares en Chile, y otras revoluciones y reformas contra la democracia social realizadas en el resto del mundo, ya ha resignificado el mercado como juez supremo inapelable.   El proyecto ético al contrario recupera valores tradicionales y afirma el ser humano como creador de valores culturales futuros que quizás ni podemos imaginar todavía.   La vida humana tiene sentido y tiene finalidades.   Las instituciones son para servir a la persona humana y no al revés.   El ser humano no es meramente capital, “capital humano,” ni meramente recurso, “recurso humano.”   Falta un cambio paradigmático que revierte fond et forme.   La causa final, el trasfondo, el fundamento y propósito, es la vida.  Las instituciones existen para servir la vida, y no al revés.  La institución que se llama mercado tiene finalidades.   Por eso puede ser evaluado según su rendimiento.  Por eso no puede ser el juez supremo inapelable.  Cuando deja a jóvenes cesantes y sin futuro, cuando destruye el medio ambiente, cuando desintegra la vida familiar (Tironi  2005), cuando comete una serie de crímenes más, debe ser juzgado, corregido, y rehabilitado como cualquier malhechor.


        Contra-resignificamos el mercado.    Es una institución entre otras que los seres humanos utilizamos para conseguir nuestros fines.   (Sen  2000, Corragio 2004 )   ¡Frase sencilla!  ¡Significado trascendental!   Puesto que hay valores de solidaridad humana, puesto que se puede distinguir el bien del mal, se puede escoger o al mercado o a otra institución, se puede combinar instituciones, se puede revisar y mejorar instituciones, según hasta que punto cumplan finalidades solidarias.


       Seamos concretos.   Una finalidad específica (estrechamente ligada a la integración social y las posibilidades reales de evitar el entreguismo frente al capital transnacional) es conseguir el pleno empleo.   Dicen que es un sueño keynesiano ahora derrotado por los hechos, pero sería más exacto decir que ha sido derrotado por los hechos al interior del marco institucional y pensamiento económico vigentes.   Ahora contra-resignificamos el mercado al interior de un paradigma ético.    Contamos (según el paradigma propuesto) con un empresariado socialmente responsable.   Hacen lo que pueden.   Cooperan con las instituciones públicas y privadas para desarrollar fuentes de empleo para quienes no lo tienen.   Topamos con una barrera:  el empresario, por mucha buena voluntad que tenga, no puede contratar a personal si no haya rentabilidad.    El mismo Keynes demostró,  y su demostración nunca ha sido desmentido (King 2002) que cuando el empleo depende de la rentabilidad, el empleo pleno va a ser infrecuente y pasajero.    Afortunadamente, contamos con otra economía además de la economía empresarial.   Es la economía popular.    Consiste de todos quienes trabajan por su cuenta contando principalmente con su propio trabajo como recurso, y con la finalidad principal de ganar suficiente para vivir.  (Corragio 2004)  Tienen que vivir y tienen que mantener sus herramientas, pero no necesitan rentabilidad de capital invertido.   De este modo ensanchamos el mercado de empleo.   Los mismos trabajadores se auto-emplean.   Contamos también con el sector público.   Puesto que con un paradigma ético medimos eficiencia con criterios de eficiencia social,  y puesto que la palabra “eficiencia” carece de sentido si no es designan los objetivos, y puesto que es un objetivo del sector público crear empleo, otra vez ensanchamos el mercado de trabajo.   Otra vez topamos con limitaciones.    La economía popular, por mucho que se contente con ganar el equivalente de un sueldo sin rentabilidad alguna,  mal que mal tiene que vender.     Si no hay compradores suficientes, no se puede ganar suficiente para vivir.    El estado depende de impuestos, y aunque haya un principio una cantidad de servicios públicos deseables, sobre todo en los sectores de educación,  salud,  y atención  a la tercera edad,  los impuestos que el público votante va a tolerar suelen ser limitados.    Se da el caso del estado rico que puede atender a todas las necesidades sociales, pero no es el caso normal, y además no es deseable que todas las soluciones a todos los problemas sean estatales.


           Encontremos otra pista en Integración Económica y Globalidad:  la transformación de la sociedad civil.  (p. 224)   Recordemos que  el mercado es una institución entre otras que los seres humanos utilizamos para conseguir nuestros fines.   Recordemos que nuestra finalidad es movernos de aquí donde estamos, inmersos en la triste realidad latinoamericana, hacia una economía solidaria.   Si el mundo empresarial, el mundo de la economía popular, y los distintos niveles de gobierno ofrecen soluciones buenas pero parciales, recordemos que podemos contar también que lo que se llama hoy en día el protagonismo de la sociedad civil.   “Sociedad civil” es una frase que tiene raíces históricas en Hegel y en Gramsci, pero hoy en día nuestro uso de la palabra tiene poco que ver con su historia: tiene que ver con las organizaciones sin fines de lucro y con el voluntariado.  Se trata además de “nuevas prácticas de participación local, capaces de generar no solo armonía en la explotación presente y futuro de los recursos, sino de imponer proyectos globales de desarrollo, de cambios tecnológicos, de cooperación, de inversiones, de cambios institucionales, en fin transformaciones políticas importantes.”  (p. 224)


         Se trata de generar capacidades que pueden imponer proyectos compensando las falencias de las principales instituciones modernas, v. gr. el mercado y el estado,  a la vez complementando y cooperando con ellas, partiendo de necesidades sentidas y concretas.  Por ejemplo, hay las prácticas de trueque, los bancos de tiempo,  y hasta fichas o monedas locales para facilitar el trueque (www.saludyfamilia.es, Cahn 2004)   Otra vez se ensancha el mercado, incluyendo a más gente, excluyendo a menos gente.   Lo que no se puede vender, a menudo se puede trocar.  Hay las micro empresas, a menudo asociativos, a menudo con apoyo de instancias de gobierno y/o ONGs.    Si funcionan con subsidios (por ejemplo con aquel subsidio que es una feria aportada por el municipio para que haya lugar para vender sus productos, o aquel subsidio que es la compra del consumidor consciente quien paga más por el mismo producto por razones éticas) vivimos conformes con los subsidios porque nunca pensábamos que los únicos con derecho a ganarse la vida sean quienes lo puedan hacer sin subsidios.   Hay la solidaridad barrial, por ejemplo el abastecimiento básico comunitario (www.sabercomo.ar).  La solidaridad entre familiares y vecinos es deseable y posible.  En este sentido y en general una ética que respalda la integración social tiende a reducir la vulnerabilidad de un país, tanto frente a los flujos inestables del comercio y de la especulación internacionales, como frente a las sequías, terremotos, y escasez naturales.   También tiende a reducir el desamparo de los trabajadores frente a la cesantía, la inflación,  y el desabastecimiento, y por ende frente al poder económico.     Hay miles de maneras de atender a las necesidades combinando los recursos de los mismos interesados con los de las comunidades locales, las instancias de gobierno, y las fuentes privadas.  Lo que pueda pasar desapercibido es que crece entre incontables proyectos en todo el mundo un paradigma de causas finales.  Desde la práctica se está generando un principio teórico:   movilizar recursos desde distintas fuentes con la finalidad de servir la vida.








                                                             Referencias


David Breslau, “Economics Invents the Economy: Mathematics, Statistics and Models in the Work of Irving Fisher and Wesley Mitchell,”  Theory and Society, June 2003, pp. 379-411.

Edgar Cahn,  No More Throw-Away People: the co-production imperative.    Washington DC:  Essential Books, 2004.

José Luis Corragio,  La gente o el capital.   Buenos Aires:  Espacio Editores, 2004.


Louis Dumont, Essais sur l´individualisme (Une perspective anthropologique sur l´ideologie moderne).   Paris:  Seuill, 1983.

Louis Dumont, From Mandeville to Marx: the genesis and triumph of economic ideology.  Chicago: University of Chicago Press, 1977.


Emile Durkheim, Les formes élementaires de la vie réligieuse.   Paris: Presses Universitaires de France, 1912.


Renato Espoz, De como el hombre limitó la razón y perdió la libertad.  Santiago: Editorial Universitaria, 2003.


Maximiliano Figueroa (compilador y autor), Filosofía y solidaridad.  Santiago: Ediciones de la Universidad Alberto Hurtado, 2005.

Irving Fisher, Mathematical Investigations in the Theory of Value and Prices.      New Haven: Yale University Press, 1925.

Paulo Freire,  Acción cultural para la libertad.   Buenos Aires:  Ediciones Tierra Mía, 1975.


Immanuel Kant, Die Metaphysik der Sitten.  Frankfurt:  Suhrkamp,  1964.


J.E. King, A History of post-Keynesian Economics.   Cheltenham:  Elgar, 2002.

Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas.  México: Fondo de Cultura Económica, 1987.


Philip Mirowski,  More Heat than Light: economics as social physics.  Cambridge: Cambridge University Press, 1989.


Andrés Monares,    Oikonomia, economía moderna, economías,  Santiago: Editorial Ayun, 2008.


David Ricardo, citado por John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero.  Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1943 (original inglés 1936), p. 18.



Howard Richards, Understanding the Global Economy.  Delhi: Maadhyam Books, 2000.


Joseph Schumpter, Historia del análisis económico.  Barcelona: Ariel, 1971 (original inglés 1954).

John Searle, “How to Deduce an Ought from an Is,”  Philosophical Review  1964, pp. 43-58.

Amartya Sen,  Desarrollo y libertad.  Barcelona:   Editorial Planeta, 2000.


Eugenio Tironi, El sueño chileno: comunidad, familia, y nación en el bicentenario.  Santiago: Editorial Taurus, 2005.


Ludwig von Mises,  Socialism: an economic and sociological analysis.  New Haven: Yale University Press, 1959.




           










           

          
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